domingo, 6 de mayo de 2018

Siesta


Duermo la siesta con los auriculares conectados al ordenador escuchando vídeos acerca del universo. Es un modo fácil y curioso de entrar en el sueño. La voz del locutor devanando los misteriosos recovecos de nuestro cosmos, transita por mi mente en un estado de soporífera y científica perplejidad. Me quedo frito. Un documental, en especial, inicia su viaje desde nuestro satélite, dejando atrás el sistema solar, la galaxia, infinitas galaxias… a esa distancia ya navego en mi inconsciencia. No sé a cuántos años luz desaparezco en la indiscernible materia del firmamento. Cuando despierto, ya el viaje está entre cúmulos de galaxias de 13.200 millones de años luz, o lo que es lo mismo, 480 millones de años después del Big-Bang. 


Gracias a los vídeos astronómicos, he descubierto que el próximo lugar donde podremos habitar los humanos es Titán, una luna de Saturno (el de románticos anillos de cascotes de hielo). Pero por lo visto tenemos que esperar a que el Sol se caliente más y derrita el hielo que la cubre, pues no es grato vivir con una temperatura de 180 grados bajos cero. Para entonces la Tierra será un carbón.