domingo, 6 de mayo de 2018

Siesta


Duermo la siesta con los auriculares conectados al ordenador escuchando vídeos acerca del universo. Es un modo fácil y curioso de entrar en el sueño. La voz del locutor devanando los misteriosos recovecos de nuestro cosmos, transita por mi mente en un estado de soporífera y científica perplejidad. Me quedo frito. Un documental, en especial, inicia su viaje desde nuestro satélite, dejando atrás el sistema solar, la galaxia, infinitas galaxias… a esa distancia ya navego en mi inconsciencia. No sé a cuántos años luz desaparezco en la indiscernible materia del firmamento. Cuando despierto, ya el viaje está entre cúmulos de galaxias de 13.200 millones de años luz, o lo que es lo mismo, 480 millones de años después del Big-Bang. 


Gracias a los vídeos astronómicos, he descubierto que el próximo lugar donde podremos habitar los humanos es Titán, una luna de Saturno (el de románticos anillos de cascotes de hielo). Pero por lo visto tenemos que esperar a que el Sol se caliente más y derrita el hielo que la cubre, pues no es grato vivir con una temperatura de 180 grados bajos cero. Para entonces la Tierra será un carbón.

sábado, 14 de abril de 2018


Allá por  finales del 2011 dejé de escribir en el blog. Me he propuesto retomarlo infinidad de veces. El caso es que he llenado algunos cuadernos, que en sí mismos son hijos del blog y que  muy bien podrían haber contribuido a que no se produjera este largo intermedio.

 Desde la última aportación han transcurrido ocho años que como en cualquier vida dan para contar muchas historias.  No es que esté muy arrepentido de haber cortado el fluido narrativo. En este océano de tiempo sólo recuerdo lo más sorpresivo o catastrófico, mientras que el día a día, los hechos anecdóticos, tan curiosos y pintorescos de la familia y de mi entorno, siento como se van decantando en el fondo de la memoria y van quedando retazos que cuestan situarlos en la bruma del tiempo.
He leído algunas entradas en el blog y no voy a sonrojarme por lo pretenciosas, simples o pedantes que parezcan. Eso fue lo que escribí en su momento y al leerlas hoy siento nostalgia y me sorprenden  lo inalteradas que quedan. De no haber hecho el blog todo ese tiempo sería una amalgama de sensaciones perdiéndose en el limo de los años. Sé que siempre late sobre esos recuerdos algo de inconformismo por falta de sinceridad, por escribir en tono de ironía y querer hace de literato cuando lo que de verdad pretendía era salvarme de llevar una vida aburrida, otorgándome el placer de emocionarme sin tener que ponerme en riesgo ni hacer ninguna extravagancia. Recuerdo, cuando leo algún párrafo, qué me motivó, lo real e imaginario; puedo hasta afinar sensaciones físicas que sentía al teclear en el ordenador: el calor, la postura, el ambiente de la habitación. Y qué decir de lo que contaba. No he olvidado ningún detalle de aquello que me inspiró: la hora del día, las escenas, las personas… hasta la luz ¿Es posible que me acuerde de tanto por el simple hecho de haberlo escrito y que el resto de tiempo se esté transformando en una neblina de recuerdos ocultando un paisaje de años donde sólo sobresalen los acontecimientos más impactantes? Nunca pensé que algo parecido a un diario, que son un conjunto de narraciones espontáneas, pueden estratificarse en la experiencia de una forma tan imborrable y creen un marco para que después de tanto tiempo uno pueda evocar de manera muy precisa hechos que estarían enterrados en el olvido.