Duermo la siesta con
los auriculares conectados al ordenador escuchando vídeos acerca del universo.
Es un modo fácil y curioso de entrar en el sueño. La voz del locutor devanando
los misteriosos recovecos de nuestro cosmos, transita por mi mente en un
estado de soporífera y científica perplejidad. Me quedo frito. Un documental,
en especial, inicia su viaje desde nuestro satélite, dejando atrás el sistema
solar, la galaxia, infinitas galaxias… a esa distancia ya navego en mi
inconsciencia. No sé a cuántos años luz desaparezco en la indiscernible materia
del firmamento. Cuando despierto, ya el viaje está entre cúmulos de galaxias de
13.200 millones de años luz, o lo que es lo mismo, 480 millones de años después
del Big-Bang.
Gracias a los vídeos
astronómicos, he descubierto que el próximo lugar donde podremos habitar los
humanos es Titán, una luna de Saturno (el de románticos anillos de cascotes de
hielo). Pero por lo visto tenemos que esperar a que el Sol se caliente más y
derrita el hielo que la cubre, pues no es grato vivir con una temperatura de
180 grados bajos cero. Para entonces la Tierra será un carbón.

