Reflexiones de un
jubilado.
Uno de los objetivos que
debes plantearte en la jubilación es fortalecer tu cuerpo, fortalecer los
huesos. El único remedio es someterlo a estresores, diferente de buscar estrés
que nos enferme. Antes que acomodarte a lo suave, digestivo y falto de tono,
debes ejercitarte. Comer aquello que te haga más resistente, como quien se toma
un poco de veneno para hacerse inmune a la larga. Quizá por eso acudo a una
cafetería que tengo cerca de casa y pido unos churros a sabiendas que por muy
apetitosos que sean tiene algo de pócima que a la larga me harán más fuerte y a
la corta más feliz.
Esto me hace pensar que
son los contratiempos son los que nos dan un extra de motivación y ejercitan la
fuerza de voluntad. Y que poco nos gustan cuando estamos acomodados a lo
digestivo, suave, a lo predecible, a nuestra hegemónica forma de pensar de
creer en las experiencias vividas del pasado nos hacen ir sobre seguro y que
cuanto ocurrió tiene ahora una razonable explicación y sirven de guía para
conducirse.
¿Por qué este desvarío
de argumentos? Están basados en la incontrastable fuerza de la naturaleza para
librarnos su particular guerra y que todo lo que creemos direccional caiga por
el precipicio del azar y tengamos que decirnos que “nunca me había pasado algo
así”. La biología va a ganar la batalla a todos los que vamos al gimnasio,
levantamos pesas, corremos… Qué decir de los que se exceden descompensados
sobrepasando los límites.
Lo
último es perder la capacidad de reaccionar a lo que nos maltrata, ya sea
física o emocionalmente. Volvernos incapaces de huir de la agitación. Dios nos
libre del amor tormentoso, de las rencillas familiares, de aferrarnos de manera
obsesiva a ponernos a los pies de los caballos.
Huir de las obsesiones
que se alimentan de la energía de nuestros pensamientos. A medida que más
tiempo se les dedica más fuertes se hacen y más te dominan. El mejor paliativo
es fomentar la curiosidad, el interés. Leer. Leer libros desacreditados.
Alguien que lance una crítica furibunda contra un libro, abre las puertas del interés.
A veces es un truco para ganarse la fama, pero provocar celos es señal de que
las cosas le están saliendo bien. Que hablen mal de ti no debe decepcionarte
cuando quieras alcanzar tus objetivos. Si eres incapaz de provocar envidias por
tu independencia y libertad, es señal de que tienes que andar cuidando la
imagen. Yo me visto como me apetece y mi esposa anda a las greñas conmigo por
mi inadecuación cuando asisto a algún acto social. Dicho queda.
Si alguien se ha cruzado
en mi camino con la intención de perjudicarme, me he crecido. Me hizo un favor,
pues tenía que esforzarme y aprender otros recursos para hacerme más sagaz.
Abandonarse a la buena vida, al confort, provoca que nos vayamos desajustando y
envejeciendo. Vivimos más pero cada vez estamos más enfermos. El mito de los
cazadores-recolectores del Paleolítico me llevaría a creer que todo es debido
al exceso de bienestar en esta sociedad obsesiva en el autocuidado. En esa
época nos habríamos librado de la superabundancia de nombres para todos los
estados, síntomas y padecimientos del ser humano. De las incontables emociones,
cuando los únicos estados de las personas son el hambre, el deseo y el miedo.
Es nuestro paquete básico. Tristeza o alegría.
Necesitamos un continuo
suministro de justificaciones y explicaciones para nuestros elementales actos.
En este aspecto me gustaría parecerme más a una lavadora, con sus programas y
botones, interruptores. Dejar de ser biológico y dependiente de infinidad de
causas y efectos en un mundo tan complejo y encima querer comprenderme cuando
los cambios de estado de ánimo, la ansiedad, falta de energía, el humor
otoñal... forman parte de nuestra variabilidad humana.
En mi trabajo como
maestro, entendí que era lo situacional lo que permitía mejor y mayor
aprendizaje. Aprender palabras fuera del contexto donde tenían sentido servía
para bien poco.
Desprendemos de la tiranía de los malos
hábitos. Poner en marcha el detector del aburrimiento.
Fortalecer los huesos, que es lo único que
evita el envejecimiento, cargando con las bolsas del supermercado y así ahorrar
en mancuernas.
Y que no se diga que
pienso demasiado y que hago muy poco.
