Segundo día.
No son aún las diez de la mañana y ya estoy escribiendo, así que pocas cosas podré decir. Puedo hablar de cómo he pasado la noche, pero es algo aburrido. Podría contar un sueño que he tenido, pero de manera muy corta porque los sueños cansan. No hay cosa más enervante que escribir un sueño, ya no digo leer el que ha tenido alguien. Acaba uno con los nervios rotos.
Proyectos para hoy:
-Llevarle las flores a mi madre.
-Ir a la Fuente de la Lana.
Ayer, de noche, después de la cena, visité a mi primo Gaspar. Al entrar, nos encontramos a su mujer, Loly, llorando. Nos contó que el bulto que tenía su hija Blanca en el pecho, desde hacía cuatro años y que periódicamente le revisaban, le había cambiado de tamaño y con urgencia le han hecho una biopsia. Los resultados no se los dan hasta pasada la Semana Santa. En estas que entró mi primo sin saber nada. Loly se lo contó y permanecimos un rato en silencio.
Uli, la mujer que ayuda en las tareas de la casa aquí en el pueblo, es una mujer enérgica y dispuesta. Una incansable trabajadora que se desvive por ayudar a sus hijos casados, en paro y con abundante prole. La hija de nuestra vecina, la Sra. Conchita, tiene instalada una consulta de psicología. Uli ha acudido porque a causa de una operación de juanetes el estrés le ha provocado unas fuertes crisis de ansiedad. Todavía le queda otro pie por operar y se echa a temblar de pensar en los dolores.
Hablo de Uli porque ha llegado de la calle, como un ciclón. Recorre la casa en maratoniana carrera, abriendo y cerrando puertas, sin dejar de parlotear y comentar de todo cuanto ocurre en el pueblo. De vez en cuando aporrea una contraventana que está hinchada por la humedad y una corriente de fresco aire me llega a donde estoy, acurrucado en el bracero. Me conozco todas las corrientes que pueden generarse en este caserón. Puedo hacer un estudio en razón de dónde aparecen, fuerza y frescura. La más temible es la que se origina desde la entrada del patio por la cocina, recorre una habitación que se usa de sala de estar, y allí coge fuerzas con el ventanal que da al mismo patio y que no cierra bien. Cuando alcanza la salida a la calle lleva fuerza de un ciclón. Es una habitación desangelada, decorada de restos de galeón hundido, con un sofá que rinde un somero homenaje a la incomodidad y que anualmente sus paredes se escaman y arrugan. Estando en vida mi suegro, cada pocos años, la pared se picaba y enlucía. Aquello parecía que duraría ya para siempre, pero al pasar el invierno ya comenzaba a dar signos de decrepitud. Lo asombroso de la casa es que la mayor parte del espacio son habitaciones de paso. Quien la diseñó es como si tuviese la intención de que todos sus habitantes permaneciesen en continuo movimiento, olvidándose de la existencia de lugares para el cómodo descanso o devaneo. Y así fue durante un buen número de años. Yo llegué cuando tenía apenas los diecinueve años recién cumplidos, Madita se había quedado embarazada y la familia de mi futura suegra nos daba asilo mientras me labraba un futuro. En casa vivía Magdalena y Francisco, mis suegros, y el hermano de Magdalena, Paco y su mujer María. El único hermano de Madita se marchó al poco tiempo de llegar yo. Recuerdo como todos los espacios se aprovechaban con el industrioso afán de sus moradores. Hoy, no tienen utilidad alguna y solo sirven de memoria con los artefactos que se conservan para soliviantar el ánimo, pues en cuanto uno se fija con atención ve cómo todo se está desmoronando a pesar del empeño en tenerlas limpias y encaladas. Infinidad de objetos inútiles se almacenan por el simple hecho tener sitio para guardarlos. Habría para llenar varios camiones de objetos con hambre de vertedero.
Aún me queda una hora para ir al cementerio.
Voy hacer un poco de tiempo yendo a la biblioteca. No tengo intención de sacar ningún libro, pues con los que me he traído tengo suficiente.
-La vida de un literato. Vol.1 Rafael Cansinos Asens
-La solución está en ti.
-Psiconomía.
-Te daré la tierra. Chufo Llorens.
Al final he sacado un libro, no soy capaz de reprimirme y siempre me tienta alguno. El problema viene cuando vence la fecha de entrega y lo tengo que devolver, entonces tengo que hacer un esfuerzo por cumplir con el plazo.
Hemos ido a poner las flores a mi madre.
He llevado el coche al taller a cambiarle el aceite.
El fontanero ha quedado en llegarse esta tarde al apartamento.
Mi suegra está haciendo gestiones para quedarse y no volver a Málaga. Es exactamente lo mismo que yo haría, no volver a Málaga.
Esta mañana me encontré a un antiguo amigo deportista. Lo suyo es especialmente curioso y penoso. Lleva unos años detrás de descubrir qué le provoca unos extraños dolores en el vientre. Dice que ha pasado por todas las pruebas, algunas varias veces. El otro día, me dice, estuve caminando por una cuesta empinada y me apareció el dolor. No me queda más remedio que tomármelo con filosofía. Nos hemos despedido con esa brumosa solidaridad de los infelices.
Acerca de la crisis estoy dispuesto ha reflexionar un poco:
Los seres humanos nos parecemos a los cardúmenes de peces. Los giros y cambios bruscos que acometen al unísono nos llama mucho la atención por su sincronización y por lo aleatorio e impredecible de la dirección y velocidad. Ese instinto debe de perdurar en los humanos pues no tendría una explicación de cómo nos movemos en grandes masas y lo fácil que nos resulta seguirlas. Así que es imposible, hasta pasado el tiempo, conocer lo que hemos estado haciendo y cuáles serán sus efectos.
Entiendo que es una explicación somera y desde un punto de vista biológico, o mejor dicho piscipsicológico, pero el aborregamiento con el que nos hemos conducido durante estos último años no da para pensar más.
"Ahora, me dice el hombre que me ha vendido los electrodomésticos para el apartamento, si que vamos a salir sabiendo. Aquí, a mi negocio, llegaban antes viajantes de comercio con Mercedes, los mismos que ahora llegan arrastrándose." Con crisis o sin crisis florecen los sabios que desentrañan los entresijos de por qué ocurren las cosas. Uno se topa con ellos y reflexiona a la par. También tiene uno derecho a ejercer de sabio pesimista y proclamar que de ésta no nos saca nadie.
lunes, 5 de abril de 2010
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