El universo se está expandiendo. La luz recorre nueve y medio billones de kilómetros al año. Donde acaba la luz, termina el universo observable.
Una salida nocturna el día de mi cumpleaños a la Sierra de Gibalto a contemplar y divagar sobre nuestro firmamento. Vino mi amigo Juande desde Málaga para tan fantástico propósito y a las doce de la noche emprendimos la subida. Con luna llena, apenas nos servían las linternas. A las cuatro estaba de regreso de un paseo de licántropos.
Mi primo dice que nos hemos salvado de morir tiroteados por los de cazadores furtivos que aprovechan las noches de luna llena para hacer recechos a los jabalíes. “Si nos os pegaron un tiro es porque creerían que era la Guardia Civil, el Seprona, por las luces y el poco sigilo. Quién se puede imaginar que son dos majaras haciendo senderismo nocturno. Seguro que a la mañana siguiente más de uno comentó el miedo que pasó al ver a la pareja de la Guardia Civil montaña arriba y que por eso se metió de lleno en un zarzal, para que no lo pillasen cometiendo tan flagrante delito.”
Ya subimos otra vez a la Sierra de Gibalto, pero de día. Aquella vez si nos tirotearon, no a conciencia, sino porque la sierra es todo un coto de caza, y una partida de cazadores disparaban a diestro y siniestro sin saber que un grupo de senderista les espantaba las piezas. El encargado del coto se cruzó con nosotros y nos recomendó que la próxima vez pidiésemos permiso, por nuestro interés.
El caso es que ir a la Sierra de Gibalto, durante el día o de noche con luna llena, a contemplar las increíbles vistas que desde lo alto se ven de toda la comarca, es un peligro: cazadores con permiso o furtivos, da igual; un tiro es un tiro.
Manolo, un amigo que lleva años con el firme propósito de quitarse de fumar cuando terminan unas fiestas, la última la feria del pueblo, ha ido al médico de cabecera a pedirle consejo. El doctor le ha dicho esto:
-La vez que he estado más tiempo sin fumar fueron cinco horas, lo que tardó una conferencia médica.
-No viajo en avión, ya sabes la causa.
-Cuando hago guardia, me planteo fumarme un cigarro cada hora. A las cuatro horas me fumo cuatro cigarros seguidos.
Mi primo el naviero, el que está construyéndose un barco en mitad de la sierra de Archidona, un barco como los barcos que apoyan a los grandes balleneros del Mar del Norte, una nave auxiliar, de siete metros de eslora, con una cabina para el piloto como la de una atracción de un tiovivo, ha descubierto, según nos contó la otra noche, un negocio redondo: las palmeras. Parece ser que alguien le ha hecho ver que la palmera enorme que tiene en la terraza del bar situada a espaldas de la pequeña ermita de Santo Cristo vale tres mil euros. El valor en alza del árbol palmáceo a medida que sus palmas se elevan al cielo lo ha trastornado y ha vislumbrado el negocio del siglo.
-Primo, yo no sabía que valían tanto. Estoy reventado, pues he estado sembrando todo el día los hijuelos de la palmera –me dijo con los ojos brillándole de codicia.
Como persona exigente y de mente preclara, le ha pedido a su compañera que le dé todos los huesos de los dátiles que se coma, con o sin ganas, para aumentar la extensión del palmeral y los pingües beneficios. De salirle bien esta nueva empresa, la Sierra de Archidona, dentro de unas decenas años, tendrá una riqueza árborea comparable a la de un jardín de Elche. Hoy, solo unos esmirriados y enfermos pinos copan la ladera del cerro. “Años atrás -me contó- llegó a las puertas de mi casa un camión cargado de cientos de platones para la repoblación de una gran zona que no tiene ni un árbol. Los descargaron y dos semanas después llegó una compañía de trabajadores para plantarlos, pero aquellos vegetales estaban condenados de antemano, algunos se secaron en los semilleros y yo quise salvarlos regándolos pero el encargado me lo prohibió. No lo entiendo –me dice-, la sensación era de que se perdiesen para acarrear otro camión.” Eran los fondos FEDER, dineros de Europa que se vaciaban a jarrillos con la sensación de que muchos se despilfarraban y a las autoridades les importaba poco. Doce maravillosas especies de árboles que de haber agarrado por todo el cerro habrían conformado un paisaje nuevo. Por lo visto sólo se han salvado unos pocos algarrobos.
La otra noche, en ese alarde que tienen siempre los progenitores de hablarle a los hijos de la escasez en la que vivieron, de que sus tiempos fuero duros, pero más auténticos que los de ahora; mi amigo Juan y yo nos perdimos por los pasajes de la memoria y contamos cómo fue nuestra infancia de austera a diferencia del bienestar con el que se vive ahora. Varios ejemplos: ningún niño de Archidona tenía por aquel entonces una bicicleta; en todo el pueblo, como mucho, había dos balones de cuero; la marca universal de calzado deportivo eran unas zapatillas de lona con una suela de goma que en verano los píes se te picaban y en invierno se te congelaban. Entonces, uno de los jóvenes que nos escuchaban, dijo algo muy significativo: “Cuando tenga vuestra edad, le contaré las mismas batallitas a mis hijos –imitando nuestra afectación- , les diré: mis padres me compraron la Play II cuando ya estaba en el mercado la III, la bicicleta era del de Carrefour, los balones nunca fueron los oficiales de la liga y las zapatillas deportivas eran una marca del Decathlon”.
Estos días está haciendo verdadero calor. Que yo conozca, jamás a finales de agosto el termómetro ha estado por encima de los treinta grados.
¿Qué es un queso? Una agrupación de electrones, de energía. Su sabor, el olor, su textura, no son más que ideas mentales, no existen como entidades concretas. La materia es energía. Nosotros somos energía. Entonces, no nos podemos sorprender del grado de desconocimiento que tenemos de gran cantidad de fenómenos que ocurren a nuestro alrededor donde interviene esa fuerza constitutiva del universo; y no me extraña, porque antes de las vacaciones fui a una sanadora. Me palpó todo el cuerpo con las manos, sintiendo cómo estaban mis órganos. Aparte de algunas cosillas más, me dijo que a un riñón le faltaba energía. Al finalizar de aplicarme su técnica de desbloqueo, me dijo que poco a poco volvería a su normal funcionamiento. En dos años me habré realizado cinco analíticas y pruebas muy puntillosas que deberían haber cantado algo, y siempre dieron resultados normales. Nunca había sentido nada, hasta hace unos días, dos meses después, que empecé a echar arenilla por la orina.
El veinticuatro de agosto fue mi cumpleaños. Paseando con un amigo me encontré a una conocida que iba con su hijo, nos saludamos y me contó que cumplía ese mismo día trece años.
-Hombre –le dije al chaval-, llevo toda la vida queriendo conocer a alguien que haya nacido el mismo día que yo.
La madre, en broma, me dijo que si cumplía también trece.
-No –le contesté-, cumplo veinte más veintinueve, pero te puedo decir un motón de cualidades que tienen los que hemos nacido hoy y con la edad de tu hijo. Tú me dices si acierto o no.
Le enumeré las cualidades que tenemos los nacidos en el veinticuatro de agosto cuando tenemos trece años (contrastadas con la madre que dijo que sí a todas): somos madreros, habilidosos con las manos, observadores, aventureros, reservados…
Mi amigo, harto de tanto autopiropo, me dijo que también dijera algún defecto para ver si coincidíamos.
Le contesté que los defectos son exclusivo patrimonio de los adultos, que muy mal andaríamos si tachásemos a algún niño de trece años de defectuoso, entonces las consecuencias cuando fuese adulto serían imprevisibles.
Un amigo de mi hijo José Manuel se ha comprado un Corvette. "Desde niño -me contó- mi sueño era poseer uno, un icono de una época, un mito". Lo cuida como a un niño pequeño. Cuando lo saca de paseo para desentumecerle los pistones, el coche ronronea como una bestia del Jurásico.
El universo se expande y se sabe porque los telescopios han detectado que en el espectro de luz que emiten las estrellaa, a medida que se observa la misma estrella a más años luz, el azul se mueve hacia el rojo. Cuando se expanda hasta no poder más, implosionará.
sábado, 28 de agosto de 2010
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