Cómo he llegado a encontrarme bien en la empresa que trabajo, cuando era un empleado con todas las cartas del
paro, sin ánimo. De sentirme un ser desvalido y sin energías, he pasado a ver a
mi jefe como alguien al que puedo pisotear cuando me dé la gana. Él presiente
algo. Su actitud ha cambiado de manera radical. Ahora me respeta, valora y, lo
más importante, he subido de sueldo y categoría. Quizá es que crea que me he
vuelto loco y tema alguna acción contra él.
A causa de lo mal que
estaba en la empresa, haciéndome la vida imposible, llevaba varios días
sintiéndome raro. La tensión se me había descontrolado. El médico me dijo que
era cuestión del estrés.
Una
mañana, sin ánimo de levantarme de la cama, escuché un “sss”. La ventana del
dormitorio estaba entornada. Allí estaba la tórtola turca como era habitual,
con su costumbre madrugadora, arrullando supongo, picoteando el trigo que tomé
la costumbre de dejarle siempre la noche antes. De dónde venía ese maldito
siseo. Los aparatos domésticos hacían el ruido de siempre.
El pájaro aleteó, se coló en la habitación
posándose en la lámpara.
-“Sss”. Escucha de una vez. Sí, soy yo. La
tórtola que alimentas con tu generosidad, poco vista, después de que nos hayan estigmatizado
como especie invasora y dañina.
“Lo que me faltaba.
Ahora tengo alucinaciones y las aves me hablan” –pensé-.
Como si me leyera mis
pensamientos, el pájaro continuó. –Estás bien. Bueno, dentro de lo que cabe.
Deberías hacerle caso a tu médico y bajar la tensión. El ejercicio te vendrá
bien. Con el trabajo te puedo echar una mano. Sé que tu jefe te está haciendo
la vida imposible. Es un psicópata. A ese tipo de personas sé cómo hay que
tratarlas- dijo.
-A ver… -permanecí un
rato en silencio. ¿Acaso me proponía mantener una conversación con un ave?
Definitivamente estaba perdiendo el juicio.
-Estoy esperando, no
tengo todo el día –dijo con ímpetu-
-Partiendo de que no
creo que esto se esté produciendo. Lo más seguro es que sea un sueño. Es
cierto, mi jefe me está amargando la existencia. Debería dejar la empresa, pero
es un mal momento en mi vida. No pierdo nada con hablar. –recapacité- Y
dirigiéndome a ella, le pregunté:
- ¿Qué solución
propones? Si es que la tienes, y si esto es una pesadilla, por favor, quiero
despertar. No tengo ganas de darle vueltas todo el día a un maldito sueño.
-Es fácil –continúo la
tórtola-. Tengo una familia enorme. Estamos por toda la ciudad. Hemos colonizado
todos los parques, calles, plazas. Escuchamos cualquier conversación. Despistamos,
pues nos ven como simples pájaros que les ensuciamos los vehículos aparcados bajo
los frondosos árboles que nos cobijan. Por naturaleza, y cualquier especie
animal lo hace, incluidos los humanos, vamos a nuestros intereses. En tu caso te puedo
echar una mano. Sabía de tu problema. Con el afán de ayudarte, le dije a mi
banda que estuviese atenta, que vigilara a tu jefe y le siguiera los pasos. La
información es fuerza, es poder, si se sabe utilizar. Ahora te puedo decir que
lo tenemos pillado. Le vas a cobrar tu silencio si no quiere exponerse a un
desastre.
La tórtola me expuso
todos sus bajos secretos. Cumplían con el perfecto manual del sinvergüenza: tejemanejes
en la empresa, vicios…
Cuando llegué a mi
puesto, tarde, como nunca me había pasado, el jefe me llamó a su despacho. Entré
con energía. Mi postura corporal delataba la transformación. Los hombros ya no
los tenía caídos. Mi mentón apuntaba a aquel individuo que se fue sumiendo en
el sillón. Apoyé las manos sobre la mesa y mirándolo a la cara, le dije se me ha
había hecho tarde porque una tórtola me entretuvo contándomelo todo sobre él.
Ahora tengo la tensión
normalizada. El médico está contento de que haya seguido sus recomendaciones. Hago
ejercicio. Si le llego a decir que un pájaro, una tórtola, habla conmigo, me manda
de cabeza al loquero.

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