domingo, 3 de noviembre de 2024

Pompeya. "Huir o quedarme"

 



Nápoles. La excursión más deseada: Pompeya.

De haber vivido dos días antes de la erupción del Vesubio, como ciudadano romano en Pompeya y siendo propietario de una buena villa, rodeado de las comodidades de la época, dedicando las mañanas a mis negocios, a ir al foro a participar de la vida política, con mis sirvientes, con mi abono al teatro y un buen lugar en el anfiteatro para ver las luchas de gladiadores…  Todo eso mientras el Vesubio comenzaba a dar muestras de que no se iba a andar con bromas. ¿Qué habría hecho? ¿Huir o quedarme?

Cómo iba abandonar una villa que tanta felicidad me procuraba; con sus fuentes, pinturas, vistas a la costa. Aquel peristilo de columnas que se ve desde la calle como señal de posición... ni loco. Dos mil y pico años después aparecería mi molde para espanto de los miles de turistas que acudirían en masa a visitar lo que quedó de tanta opulencia. Los arqueólogos habrían retirado las montañas de escombros volcánicos que el malvado Vesubio arrojó con una fiereza y encono de mil demonios.




Y allí estábamos nosotros, y otros cientos de turistas venidos de todas las partes del mundo, contemplando lo que quedó de una ciudad tan organizada, de estatuas imponentes, con todo el equipamiento que los romanos la dotaron:  teatros, foros, templos, ingeniería, comercio... Solo quedaba el reflejo de aquellas pobres gentes, de su modo de vivir, sentir. Sombras bajo cientos o miles de toneladas de materiales volcánicos.

         Año 79 D.C. Horas antes de la erupción.

A medida que pasa el tiempo, solo, estoy tumbado en el triclinio. Ya no se escucha el rumor de la fuente en el centro del peristilo porque el agua ha dejado de manar. Tengo la vista puesta en la cima del Vesubio y las laderas incendiadas. En la penumbra, arden los candiles encendidos en las hornacinas de los dioses. Siento leves y continuos temblores de tierra. Los cortinajes de las dependencias que dan al patio se mueven con una brisa suave. En la calle se escucha el incesante tráfico de carruajes, voces, borrachos, ladrones.

Cerca, uno de tantos prostíbulos permanece abierto. La pintura de Príapo que mandé hacer a la entrada, después de traspasar el cubil del portero, se enseñorea con su gran pene. En el foro, por la mañana, escuché que en las cisternas quedaba agua para dos días porque una parte del acueducto que viene desde los Apeninos se había derrumbado; ya se había dispuesto para su reparación. Que no se aconsejaba beber agua porque salía sulfurosa.

Acaso, digo, ¿por qué me iban a abandonar mis dioses que tenía por todo el domus a los que había colmado de ofrendas?

 Sí, yo sería de los que se habrían quedado petrificados para la eternidad. La gente del futuro se preguntaría quién era aquel infeliz. ¿Por qué no huyó como habría sido lo oportuno? Los arqueólogos en su empeño de argumentar qué pintaba yo allí después de retirar los seis metros de ceniza volcánica, propondrían varias hipótesis: la más plausible, según ellos, era que fuese un esclavo que se quedó al cuidado por orden del  dueño; otra, que era un caco que aprovechando el lío le pillo una ola piroclasto; otra, que me torcí un tobillo; y así tantas como ocurrencias den para imaginar a alguien que su molde aparece solo, sin más nadie, porque mi familia, estoy seguro, más sensatos, se marcharon cuando presintieron el desastre que se avecinaba. ¡Ahí te quedas al cuidado! ¡Ya nos contarás!, me dirían mientras los veía trasponer junto con otros cientos de pompeyanos por una de las puertas de la ciudad.


Año 2024 D.C.

Los dioses cuando de verdad te abandonan es a la vuelta de Pompeya de regreso a Nápoles. Estamos desde las once de la mañana y aún nos quedan lugares por visitar, cuando suena un pitido en las ruinas que crees que es la alarma de un coche. Son las seis de la tarde Es para que vayas marchándote. Está añocheciendo. Una marabunta de turistas nos vamos agolpando en la estación. Llega el tren que viene de Sorrento ya cargadito. Entramos a empujones. No apto para quien sufra de claustrofobia, apretamiento o simplemente crea que viajar así no es humano. El tren para en cada estación, apeadero. Un regreso de pie de cerca de una hora. Miras con rabia a los que van sentados. Ellos desvían la mirada.

                            Continúa...

                 

3 comentarios:

  1. José, por lo relatas de este viaje, me está convenciendo de visitar ponpeya..

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  2. Una tarde en Archidona en el cine pusieron un trailer, era sobre un volcàn que había sepultado dos ciudades: , Pompeya y Herculano, como castigo de los dioses que se cebó con sus habitantes y lo arrasó todo, también vimos a los habitantes petrificados. Volverà a entrar en erupción?Pienso que es posible dada la extensión de lava subterránea que tiene, zona sismica que incluso podría destruir Nápoles (Ésto último lo acabo de leer)

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  3. Yo pasé un día maravilloso allí. Quedé impresionado. Una maravilla

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