miércoles, 26 de mayo de 2010

26 de mayo

Parte primera.
Han transcurrido tres meses desde la creación del diario de Semana Santa. Volver sobre lo que conté me va a costar trabajo, porque algunos asuntos han evolucionado lo suficiente para llenar varios cuadernos. No quiero defraudar al pequeño número de seguidores, pues sé que a pesar de haber leído el blog por amistad, tienen una sana curiosidad por conocer cómo han terminado algunas de las historias que comencé. Noventa días dan para mucho, o para nada, según se cuente. Alguien me dijo que prefería llevar una vida ameboidea. Alguien, por supuesto, inteligente, partiendo del supuesto que la humanidad entera es estúpida o es inteligente. Las dos aseveraciones tienen sentido. Yo, a veces, me siento ameba. Enormes espacios de tiempo aparecen sin contenido. ¿Es que no he hecho nada durante ellos? En cambio noto a mi alrededor un bullebulle que me permite localizar mis pasos; así, de modo tan sencillo como cuento, sé que tal día estaba sentado frente a mi primo en su casa porque el discutía con su mujer acerca de, y cito frase textual: “estaba harto de chupópteros”, refiriéndose al yerno. O cómo pase la mañana de tal sábado en el taller de mi amigo porque llegó su cuñado cabreado, y cito, de nuevo, frase textual: “ya me he enterado de cómo mi mujer me ha puesto los cuernos”. Mi amigo y yo, intentamos calmarlo con mentiras del calibre: “Mujeres hay cuantas quieras” Y la mayor: “Igual a tu mujer encuentras mañana cien” Una cosa es quererlo calmar y otra tomarle el pelo. Su mujer era una “real hembra”, como dice Pepe el de la Fuente la Lana. Pepe puede utilizar esa expresión porque es un hombre rotundo. No se traga el rollo de que alguna vez existieron los “rinosaurios”, según él, porque nadie los ha visto. También cuenta que las estrellas se están muriendo, porque cada vez se ven menos de noche en los cielos, o que nunca ha habido hombres primitivos, pues no traga que “un orangután con una piedra en la mano, sea, por que lo digan los cintíficos nuestro abuelo”, proclama. Es también sabio. La crisis la predijo hace dos años, y a pesar de su robustez de ideas, no se ha equivocado en nada. Anunciaba un cataclismo económico porque los borregos costaban menos de lo que valía su producción, y todo porque había que mantener a una pandilla de señoritingos en sus despachos. Yo también sabía que la cosa terminaría desquiciándose cuando el arrendatario del bar de enfrente de la casa de mi suegra casó a su hija y se visitó de frac; parecía una golondrina con piernas. Un hombre que en su vida se había colocado una chaqueta y lo más lejos que había ido era al Mercadona, lo vistieron de esa guisa para mofa de todo el vecindario.
Bueno, volvamos al tema que nos ocupa. ¿Qué ha ocurrido desde que escribí el diario de Semana Santa? Los hechos son los siguientes, pero no en este orden.
Mi sobrina ya la han operado del pecho, y el bulto es inofensivo.
La casa de mi suegra está donde la dejamos.
Las presencias de los difuntos se están atenuando, ya no se aparecen tan frecuentemente, salvo mi madre.
Mi padre ha encontrado varios miles de euros de mi madre repartidos por los bolsos.
Me ejercito con el yoga.

Parte segunda.
Gracias a mi amiga Paqui practico yoga. Tuvo la delicadeza de acompañarme los primeros días de clase para ir introduciéndome. No me ha costado ningún trabajo, pues el ambiente es lo que estaba buscando: tranquilidad, ejercicio, buena gente y de paso encontrar algo de espiritualidad en el pozo seco de mi alma. Madita me observa de reojo, ella sabe que las novedades me causan auténtica emoción en los comienzos y voy por ahí predicando su excelencias. Hace tan solo unos meses hablaba maravillas del gimnasio Inacua y convencí a varias amigos y amigas para que se inscribieran. Ahora digo pestes. No soporto un lugar donde el deporte que más se practica es el individualismo. No puedes entablar una amistad con nadie pues los horarios tan flexibles no te lo permiten y nunca coincides con las mismas personas, y eso que éramos alrededor de ocho mil. Hay tantas actividades que nos sabes cuál vas a realizar y terminas por meterte en el jacuzzi. Lo pruebas todo y nada te satisface. Hubo días que por mi indolencia terminé con la piel fofa de tanto tiempo que pasé en el jacuzzi. No se me borrará nunca de la memoria la patética imagen de decenas de personas sobre las máquinas con los cascos puestos, yo entre ellos.
El yoga es diferente. Con mi esterilla al hombro marchó al centro y allí en un edificio antiguo, cerca de la Catedral, está la sala de yoga. Me reconforta caminar con tranquilidad, sin vehículo. Suelo llegar de los primeros, coloco mi esterilla y espero el comienzo de la clase en la posición del zapatero indio, la cual, según el profesor, es la que me va a fortalecer el suelo pélvico y me arreglará la próstata. La clases es dura, pues de lo que se trata es de poner en funcionamiento lo que lleva años sin moverse. Las corvas me duelen a rabiar. Cuando doblo la cintura para tocar el suelo con las manos me quedo a dos cuartas. Mis articulaciones se han endurecido a base de no estirarlas y mis órganos internos los siento gemir con las asanas más básicas. Voy de lunes a jueves, lo cual no es desaprovechar el tiempo. Regreso a casa en torno a las nueve de la noche cargado de energía a la vez que muy relajado. A ver cuánto me dura la fiebre.
Mi amigo Joaquín me ha dejado bien claro que el yoga no me sentará bien, pues nada se puede esperar de algo que viene de un país de gente que van tapados con una túnica y le pegan a la mujer y a los hijos con una caña. Él ya lo ejercitó durante cuatro años y sacó unas cuantas hernias en la columna de las que se tuvo que operar.
En el pueblo han ocurrido otras cosas:
-Mi amigo Juan se quedó parado.
-El mismo encontró trabajo.
-El yerno de mi primo sigue sin dar un palo al agua.
-Mi primo le echa la culpa a Zapatero de no vender ni un puñetero perro.
-Zapatero le echa la culpa a la crisis global que mi primo no venda ni un perro.

2 comentarios:

  1. Bienvenido de vuelta al blog, nos dejas más tranquilos sabiendo que la vida en tu pueblo sigue su curso natural, sin grandes acontecimientos que la altere. Quizas tu primo no venda tantos perros porque la gente se dedica a actividades más beneficiosas para la humanidad. Quizas ZP no tenga la culpa de todo. Quizas recuperes el equilibrio perdido con el yoga

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  2. Luis Carandel hace algunos años, no sé cuantos, escribio un libro muy real sobre la vida de su barrio. Luego los vecinos que aparecían en las páginas impresas se confabularon para matarlo. Es la dura realidad de la real y realista literatura.
    El otro día ví un reportaje de la India. Las mujeres cargadas como burros, con unos gigantescos haces de leña, estabán retrasando su hora de relajación, meditación y yoga.
    Además hacían la comida, iban a la fábrica de alfombras como esclavas, trabajaban en el campo y recibían alegres las palizas de sus maridos. Como la cosa siga así se van a dar con el yoga.

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