Ya dije que mi suegra se había contagiado de la epidemia que corre por la calle de hacer reformas en sus casas. Primero fue el farmacéutico. Hablé con él y me dijo lo arrepentido que estaba pues es la tercera vez que entran los albañiles por la puerta. Primero fue el tejado; luego, la tercera y segunda planta. Ahora, la planta baja donde está instalada farmacia.
-Yo si que empecé la casa por el tejado cuando lo que debería de haber hecho es echarla abajo y hacerla nueva. Que arrepentido estoy –me dijo, mirando con rabia a la casa.
Le sigue la casa de la señora Conchita, colindante con la nuestra. Los albañiles llegaron para hacer unos arreglos. Llevan ya dos meses y han gastado dos camiones de materiales. El abogado, actual propietario de la casa que en su día fue de mis tíos, se ha propuesto acabar con la humedad. Los albañiles, con martillos neumáticos, están echando toda la fachada abajo. Hay otras obras en la misma calle, pero me niego a dar cuenta de ellas. Mi suegra ha dispuesto de hacer un cuarto de aseo para su uso y no tener que subir las escaleras a la primera planta. El maestro de obra nos explicó que sus albañiles trabajan desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde porque el convenio les prohíbe otro horario diferente en verano. Es lógico, se aprovecha el fresco de la mañana, los trabajadores no mueren de calor y nosotros, a las seis y media, cuando el sol aún no ha salido, estamos levantados dispuestos a huir del polvo y del ruido. La suerte es que es una obra menor y en pocos días va a estar despachada, a no ser que nos pase como a la vecina y se complique la cosa. Por cierto, los albañiles de la señora Conchita no se rigen por el mismo convenio que los nuestros, trabajan desde el amanecer hasta que anochece, sábados incluidos, aporreando las paredes colindantes con nuestro dormitorio.

En la imagen podemos observar cómo en casa de la señora Conchita (la nuestra es la de abajo) se arrojan objetos inútiles por el último balcón, concretamente van a tirar un carrito de bebé. Después de decenas de años acumulando trastos ha llegado la hora de tirar algunos. En la panorámica se ven las numerosas obras veraniegas.
Mi tío Miguel, que viene a pasar las vacaciones a un piso que tiene cerca de nuestra casa, me pidió que le pasase al ordenador un listado de objetos que tiene en un apartamento para cuando lo alquile. Con mis deseos de servirle le dije que sí y ahora corro cada vez que lo veo, pues aún no he tocado la lista porque cuando la cojo me sale sarpullido y siempre me monto una excusa para hacerla más adelante –ahora mismo podría estar escribiéndola, y no que ando divagando con el blog-. Ya van ocho días que me la entregó. Son cuatro folios por las dos caras donde se hace una relación tan pormenorizada de lo que contiene el apartamento que no sé cómo le ha faltado poner la cantidad de baldosas con las que está enlosado.
A mi tío no le van los cantamañanas, y yo, que represento para él la imagen de un sobrino servicial y formal, me la estoy ganando. Cuando nos vemos no me dice nada, pero hay silencios muy elocuentes. ¡Ah!, por cierto, dónde he puesto la maldita lista con tanto follón de obra. ¡Cómo se haya perdido, adiós!
Por la noche, Madita y yo salimos a dar un paseo. Solemos ir a visitar a mi primo. La escena suele variar de los siguientes modos acerca de lo que está haciendo el matrimonio cuando llegamos.
-Su mujer ve la tele mientras mi primo navega en Internet.
-Su mujer ve la tele mientras mi primo cena.
-Su mujer ve la tele mientras mi primo despotrica contra alguien.
-Su mujer ve la tele mientras mi primo me dice que me va a pegar dos hostias como escriba mal de él en el blog.
A mi amigo Joaquín le gusta venir a visitarme cuando le apetece. Se desplaza desde Antequera en su moto y caminamos charlando por las calles del pueblo. Para él, Archidona es una ciudad muerta. No tiene vida. Hubo un alcalde, el último del franquismo, que cuando le preguntaban cómo estaba Archidona, se refería: Archidona, Archidona está muerta, moría y matá. Así que esto viene de muy atrás.
Mi padre se ha quedado solo en Málaga. No quiere venir al pueblo, dice que está más cómodo en su piso, con el aire acondicionado y teniéndolo todo a mano. De vez en cuando llama y nos cuenta que está melancólico. Normal, el verano pasado lo pasó con mi madre aquí en su casa. Ahora, permanece cerrada. Ningún hermano mío asoma por ella. Me he dado cuenta que yo procuro también evitarla. Mi subconsciente siempre me ha demostrado que es muy listo, mucho más que mi conciencia, pues sabe trazar un itinerario por donde mi estado emocional no llegue a quebrarse.
Ayer hubo casting. Mi suegra quiere contratar a una mujer que la cuide en el invierno y no tener que venirse con nosotros a Málaga. La comprendo, y es lo mejor, pues yo me quedaría aquí también. Iría a Málaga a trabajar y a mis clases de yoga. Durante todo el día acudieron mujeres para presentarse y negociar las condiciones. Todas extranjeras, todas paraguayas. No sabía que hubiese una colonia tan grande de paraguayos en mi pueblo. Educadas, agradables y vistosas, mi suegra, agotada, a la última le dijo que de ser posible las contrataba a todas, que todas le habían parecido estupendas. Hoy anda agotada, y sin saber por quién se va a decidir. Yo no puedo opinar porque incluiría un sesgo como hombre nada conveniente. Mi mujer me observó cuando ella estaba conversando con una y dice que la miré de arriba abajo. Le expliqué, para que aprendiese algo más de los hombres, que cuando miramos de esa manera no es que nos seduzca, sino todo lo contrario, miramos porque algo no nos encaja; así, cuando no miramos, es cuando verdaderamente miramos porque nos atrae. Total, un embrollo verbal que no acabó de creerse.
Y ahora, en lugar de confeccionarle la lista del apartamento a mi tío, para despejarme, me iré a caminar.
Al hilo de lo que comentas sobre los imprevisibles comportamientos de las personas, resulta que en mi bloque hemos estado conviviendo con un atracador de bancos, un señor al que conocemos desde hace años,teniente coronel retirado pero tocado del ala y con la pistola cargada. Atracó un banco en ceuta porque es de allí,aquí pasa las vacaciones y nada más llegar se fue al banco de al lado, menos mal que lo pillaron y ya está a buen recaudo. Así que nunca puedes estar tranquilo, no sabes a quién puedes tener a tu lado.
ResponderEliminarMe gusta ser de vez en cuando salir en tu blog. A uno le sigue impresionando la letra impresa. (No es una buena frase, pero no tenía otra a mano.
ResponderEliminarHoy decía a MJ, "tengo que ir la semana que viene a ver a José Manuel".
He pasado cuatro días en la Costa del Sol. Prometo no volver hasta que el tiempo no anuncie que hay tres cuartas de nieve en el paseo marítimo de Torrox. Unos cuantos jubilados se están dejando la piel en aquellos calores y los escasos dinerillos en aquellos chiringuitos.
La gente planta las sombrillas de madrugada para coger sitio.
Uno se baña en un mar de agua, cremas y nata de desechos inconfesables.
Las costas son buenas para pasar el invierno.