jueves, 4 de enero de 2024

El emprendedor (Quinta parte de "Mi pueblo")

 

Un tiempo de expansión económica.  La población crecía, el número de viviendas crecía… Los colegios estaban a rebosar de alumnado. La gente iba y venía en un continuo trajín buscándose la vida. Un lugar, como tantos en aquella época, para instalarse y sostener a tu familia. 

Con las ilusiones del emprendedor, llegó un hombre maduro con su familia dispuestos a abrir un negocio. Todo lo ahorrado, con la ayuda de un préstamo y con el ímpetu de un pionero del oeste, aterrizó en este pueblo que se levanta en la falda de una sierra coronada por un castillo en ruinas. Si le hubieran preguntado cómo era, quizá habría dicho que era grande para ser pueblo y pequeño para ciudad.

Siempre los comienzos son difíciles. Fue bien acogido. Lo peculiar y extraño fue que al poco tiempo alguien le advirtiera sobre la reacción que con los foráneos tenían los que iban a ser vecinos y clientes. Le advirtió que no se fiara. Que los había de cuidado disfrutando en ver cómo todo lo que se propusiera se torciera. Que los había en este pueblo que viendo a alguien progresar los mataba del disgusto.

De tarde en tarde, aquel comentario le provocaba zozobra. Le costaba trabajo creerlo. El negocio marchaba viento en popa. Se compró un vehículo nuevo, una furgoneta y pudo adquirir un local en propiedad. Todo en un tiempo récord según sus vigilantes paisanos. Se había ganado una fama. Muchos clientes los trataban como amigo. Tenían cuentas abiertas a débito. Algunas eran cantidades importantes.

A los dos años de afanoso bienestar, en el frío invierno, sin saber nadie cómo, habían comenzado a germinar las malevolencias: los supuestos hechos acerca de su negocio, de su vida y matrimonio. Gracias al recoveco sucio del alma donde se aposenta el placer por las desgracias que le ocurren a otros. Se fantaseaba. Cualquiera lo sabía porque alguien lo sabía. Fabulaciones a cuál más vil y canalla. Creerlas no costaba ningún esfuerzo. Los comentarios se soltaban como piedras en un lago en calma. -Estaba prosperando demasiado deprisa. - ¿Tanto vendía? Nadie, por mucho que se esforzara, compraba un local, ampliaba el negocio, furgoneta…Seguro que tendría otros negocios oscuros, delictivos y estaba utilizando de tapadera el abierto al público-, comentaban.

Cuando vives ufano de lo que realmente ocurre, tiene la desventaja que no ves acercarse los nubarrones hasta que descarga el primer rayo. El rayo llegó en forma de anónimo. Con ánimo de ponerlo al corriente, uno que se autodefinía “el justiciero”, le informaba de cuantas mentiras se decían de él, su mujer y cómo había prosperado. Puras calumnias. A sabiendas de que eran falsedades, tenía que darse cuenta de que sus convecinos eran todos unos ruines y embusteros. -Unos falsos. –le advertía-.

Después de leerlo, dijo en voz alta -Me equivoqué al venir aquí-

Indagó sobre los cometarios. A los que le preguntaba, se mostraban condolidos. Todos coincidían que no hiciese caso. Los hechos le darían la razón. Paciencia. Escuchó frases como: “Este pueblo se las gasta así” “La puñetera envidia”.

Logró salir adelante, aunque nunca olvidaría cómo pretendieron hundirlo. Los infundios volaron.

Años más tarde, nadie podría pensar que se produciría un punto de inflexión en la economía local. Las ventas habían caído. Él resistía como tantos. A pesar de que el pueblo creció en extensión, se sostenía con mucha menos población. La gente joven se marchaba a buscarse la vida a cualquier otra parte. Los colegios cerraron aulas. Las calles, a muchas horas del día, parecían un decorado de película. Abrir un negocio era abocarte al fracaso sin necesidad de exponerte a los celos de los que llevan mal el acenso en la vida de un paisano.

A la hora de definirlo, cualquiera que llegara a instalarse, opinaría que es un pueblo que parece grande pero que está empequeñeciendo. Aunque todavía se espera el progreso que atraiga población. Así y todo, se siguen conservando las tradiciones, quedan niños que van a los colegios. Puedes tomarte un café… Aún existe.

 

4 comentarios:

  1. Gran pueblo, histórico como pocos en España, pero colonizado por una lacra de envidiosos, con iniciativa cero, y si con tiempo como para pegarse horas y horas cada día en corrillos de quiosco u otros sitios, haber quien y cual hace y lanza la piedra más gorda a todo el que vive, trabaja, prospera y es feliz. Ya sabes quién soy

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  2. Ante todo, Felicidades José Manuelpor estos cortos y entretenidos relatos que nos ofreces y que tanto me entretienen.
    Siempre me ha llamado la atención la falta de emprendimiento de este pueblo, con todos los recursos que tan buenos tienen o materia prima y tradición poseen
    Envidia es el deporte Nacional.

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  3. Eso no era sólo en tu pueblo. Eso es a día de hoy deporte nacional.
    Un saludo.

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