sábado, 13 de enero de 2024

Vino y heroína (Séptima parte de "Mi pueblo")

 

Aquellos hombres parecía que eran de zinc por dentro. Cada día, la taberna cerca de mi casa abría en dos turnos, mañana y tarde. Los primeros beodos estaban rondándola antes de que el tabernero quitara el pestillo de la puerta. Los veías con la ansiedad del que está a la espera de un suceso importante. Fumando a la desesperada. Era una época que beber era lo único que se podía hacer. Esa era la impresión.

Los negocios de romper vidas y de estropear la salud, estaban repartidos por todas las zonas del pueblo. Cada una tenía su propia clientela fija, como si fuesen socios de un club. Ninguna gozaba de estima, ni siquiera entre sus propios parroquianos. Eran odiados por las esposas y madres. Mi abuela decía que quien se llevase un vaso de vino a la boca le debían cortar las manos. Sería, por mi abuela, un pueblo de mancos. Todos, ningún hombre se salvaría. Hasta mi padre, que no soportaba nada el alcohol, hizo algún alarde de convertirse en un hombre de taberna tomándose un vasito de vino mientras hacía tiempo antes del almuerzo. Era cuando venía mi tío que estaba en Barcelona de vacaciones. Los dos creían encontrar un ratito de evasión tomándose un “ligaillo”, que era como llamaban al vino mezcla de blanco y dulce. Entraba como una ambrosía. Te abría el espíritu en los primeros tragos. Luego, era cuestión de cómo lo destilasen tus órganos. Qué iba a haber de malo. Salvo para mi padre. Aparte de soportar las diatribas de mi abuela, le sentaba fatal. Por su propia naturaleza nunca se podría haber tirado al vino. Su hígado era de los que te la devolvían a la primera. Hay personas en las que no pueden agarrar los vicios porque en la memoria, antes que los momentos de placer, se asientan los efectos de los pesares.

Los clientes sabían que bebían vinazo.  Por aquel precio, el dueño no les podía dar nada mejor que aquel brebaje infame, barato y etílico. Sólo los ricos bebían vinos embotellados, en catavinos y no en jarritas de lata.

El vocerío inundaba la calle. De noche, acostado, te llegaba aquel rumor de colmena borracha y te dormías. Alguna que otra vez, debajo de tu balcón se paraban dos contertulios puestos hasta la coronilla polemizando sobre algo que habían comenzado con el vaso en la mano y que continuaban porque no eran capaces de concluir. Como no se sostenían, terminaban por despedirse. Cada uno se marchaba para su casa dando tumbos. Día tras día. Año tras año. Hasta que los hábitos fueron cambiando por la propia evolución de la vida. Las tabernas cerraban. La clientela o ya no existía o se había reformado. Eran nuevos tiempos. Entonces una plaga sustituyó a otra. Esta vez sobre la juventud y de manera letal: la heroína.

Una generación de jóvenes se vio inmersa en aquel infierno. Muchas familias entraron en el túnel de enfrentarse a un hijo drogadicto. La gente sabía quiénes la vendía. Daba igual, de no ser esos serían otros. Impasibles y sin fuerzas, esperaban que aquella epidemia se agotase por sí sola. Soportaban las diabluras que acometían para agenciarse dinero con el costearse la droga. Los veías con sus cuerpos agotados, siempre veloces, en un continuo moverse cuando estaban sedientos por el “pico”. Fueron cayendo por el sumidero de enfermedades terribles. Aquellos chicos y chicas iban desapareciendo como soldados enviados a la guerra. A los pocos años, aquel tremedal se había tragado un montón de vidas. Muchachos con los que habías jugado, compartido colegio o peleado. Sus existencias dejaron un poso de recuerdos, de impotencia y compasión.

Evocar aquellos años, tan emotivos y felices, te hace pasar de puntillas por estos recuerdos. Ahí están.

 No para todos fue divino y mágico el estreno de la vida.

 

3 comentarios:

  1. Del vinazo barato y peleón, se pasó a la jeringuilla y ahora por las redes llega el momento de la pornografía, el acoso y las violaciones grupales.
    Es un continuo no parar.

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    1. Y no olvidemos el fentanilo y demàs drogas hiper adictivas!
      una ruina, anulan la voluntad, arruinan familias, casa día màs impotencia frente.a esto. Y qué hay de los pederastas?🤮

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    2. Fenómeno como siempre.
      Yo creo sin levantar polémica , que "esas pandemias" fueron creadas y las de hoy día también por algún motivo de despoblar el mundo por algún motivo.

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