sábado, 9 de marzo de 2024

Estampas de jubilado. Uno.


 

Estampas de un jubilado.

La noche antes dispuse la ropa preparada. Dieron las seis y media, y salí a correr. Apenas circulaban coches. Di unos saltos, moví los brazos, levanté las piernas, un poco de tobillos a los glúteos, todo muy disparejo. Comencé por un trote suave. Sentía que una plenitud recorría mi cuerpo. Aún era de noche. Apenas se veían luces encendidas en las ventanas. Cogí la avenida hacia arriba. Una ambulancia con las luces de emergencia entraba por urgencias del hospital.

Los semáforos seguían cortando el tráfico, a pesar de que no había circulación. Crucé en rojo. Mi intención era ir por unas calles que aún conservan casas de cuando el Camino de Antequera era un lugar para familias pudientes. Viviendas con patios, de tejas y adornos modernistas. Alguna que otra reformada y convertida en residencia de ancianos. De todas, una me llamaba la atención. Podías contemplarla a la altura de la acera, no estaba parapetadas tras un muro dejando que sólo pudieras ver la parte alta. Un caminito de piedras arrancaba desde la cancela. No tenían perro guardián. Así que te podías asomar.

En la oscuridad de la noche resplandecía con su intemporalidad. Dos palmeras respetadas por el destructor picudo la custodiaban. Estaba habitada. Los setos, su sostenido cuidado de ventanas, puertas y voladizo de vigas de madera del tejado. Sus habitantes afrontarían la conservación con un buen respaldo económico. Me gustaban las rejas de las ventanas. Durante mis paseos me había fijado que estaban hechas con filigranas de flores: artesanía caprichosa. Paré para tomar un respiro. Llevaría menos de veinte minutos de carrera, descontando el fugaz calentamiento. Los gemelos empezaban a endurecerse, colapsarse. Tendría que bajar la marcha.

Pasé por un solar lleno de coches. Desemboqué en una calle con casas tapiadas y letreros de próxima construcción de viviendas. Comenzaba a ver movimiento de gente. Trabajadores, mujeres y hombres, que se subían a sus vehículos y antes de arrancar miraban el teléfono o se ponían escribir wsaps.

Continué la marcha. El día comenzaba a clarear; fue cuando uno de mis gemelos paró en seco. Un dolor agudo hizo que me detuviera. Estiré. Parecía que mejoraba, pero no. La carrera había terminado. El regreso lo hice despacio, cojeando. Un jubilado derrotado por un simple colapso en la pantorrilla. En la entrada de la vivienda me encontré con una vecina que salía con el perro. “¿Qué, de hacer deporte?”, me dijo ufana. Otro vecino subió conmigo en el ascensor. “Hay días que no me cruzo con nadie y hoy se han puesto de acuerdo para verme llegar arrastrándome”, cavilé ofuscado. Aparenté que me conservaba en forma. Y en gran manera no mentía. Conservaba las energías intactas, otro asunto era el músculo. No tenía ganas de ser la comidilla y el hazmerreír del bloque. Dejé de cojear e imposté una sonrisa falsa. Cualquiera se habría dado cuenta de que algo no marchaba bien por la rigidez de mi rostro. Es la expresión de alguien que sufre un dolor, muscular y en el alma. No dejé de moverme dando la sensación de que quería evitar enfriarme. El dolor me subía ya hasta la rodilla.

Entré en casa.

-¿Ya has regresado? –la voz de mi esposa desde el dormitorio-. ¿Cómo te ha ido? –preguntó-.

- Bien,–contesté-.

 

3 comentarios:

  1. Te hiciste urbanita y eres capaz de vivir donde para mí sería peor que una condena. En mi mundo paralelo al tuyo, el gastar energía se hace por una conveniencia ancestral alimenticia o vital, con toda su amplitud, eso no quita que hacer deporte en cualquier escenario no lo sea, pero en el mundo que yo me muevo, si no hay una recompensa mayor o igual al gasto energético realizado, mejor estarse quieto, tal y como hacen el resto de seres vivos que yo observo. Como cosa curiosa, las noches de temperaturas muy bajas, como anoche mismo, la fauna se alimenta más del cobijo y de no moverse que de las calorías que pudiese conseguir, aun sin parar de comer todo el rato, claro está de herbívoros hablo. Y esa inteligencia del ahorro energético y el saber preservar la salud, la aplican mucho más los más viejos. 😂😂💪💪💪👏👏👏🐗
    Venga son tonterías mías, a seguir caminando y de vez en cuando una carrerita 😂😂😂

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    1. Me lo aplicaré en las noches frías. Excelente observación.

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  2. Wowww !!! 😂😂 Yo creo que se aplicó la " Ley de Murphy "
    Pero, me ha encantado. Él que no arriesga no gana, y tú ganaste toda esa observación que relatas de aquellas casas antiguas 👌👌

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