Estampas de jubilado. Cuatro.
La mayor fuerza de voluntad la debes de emplear en levantarte de nuevo al amanecer. Te acicalas y piensas que el día va a dar para un montón de actividades. La primera es ir al gimnasio. Escaneas el cuerpo y buscas algún dolorcillo que ha estado agazapado. No está. Pero en su lugar hay otro, y otro… no son gran cosa, salvo si lo fuerzas podían ser invalidantes, piensas. Te asalta el dilema si sería mejor descansar, vaya a empeorar. Decaen las ganas porque la noche la has pasado inquieto a causa de la cena. La pereza empieza el primer asalto.
Coges la bolsa de deporte. El pabellón deportivo es un sitio desangelado. Ves cómo llega el resto, la mayoría mujeres que no sienten el frío, en tirantes, en un silencio de mañana sin sol, porque el sol está fuera, en la orilla de la playa, en las sierras, y no bajo una techumbre. Realizas el calentamiento. Siempre con precauciones porque arrastras en pocas semanas un catálogo de pequeñas lesiones musculares que te señalan que o te lo tomas con paciencia o vas directo al desguace.
La sesión ha terminado. No ha ido tan mal. Estás con energía, pero con un hambre de lobo. Debes cuidar lo que comes. Este es uno más de los axiomas que portas en tu maleta de jubilado vayas a donde vayas. Supone que debes torturarte sin contemplaciones, privarte de lo que antes hacías sin cortapisas porque ahora adquiere un peso específico en las analíticas que te haces anuales. No quieres traspasar la barrera del asterisco, ese que señala que te has pasado y que vas por mal camino. Nunca antes habías reparado en que el cuerpo está regido por tantas reacciones y que cualquiera tiene un efecto dominó de desastres impensables.
Te vuelves a sacrificar.
Esta vez con el desayuno de media mañana. En su lugar tomas un desabrido yogur
natural. Como no te aguantas, también coges un puñado de almendras, y ya
puestos un plátano que es rico en potasio para recuperarte mejor.
Es el momento de lo intelectual. Estás cansado, a medio
comer. Coges el teléfono y lees los titulares de la prensa. Acabas disgustado
por cómo está todo. El odio y la ira está en estrecha relación con tus tripas
que siguen sin estar saciadas. Intentas leer. Tu mente está en todo menos en la
lectura. ¿Escribes?
Lo mejor es pasar la mañana en la calle, tomando el sol.
Sales y te encuentras que no tienes ningún objetivo, solo deambular.
Estar fuera de casa porque sí, es algo que se te antoja absurdo. Te encuentras
a una amiga. El médico le ha recomendado primero que deje de fumar, lo ha
hecho; que camine, piensa hacerlo… Entonces saco mi batería de consejos. Le comento,
si desea caminar, cosa sumamente aburrida, lo haga realizando pequeñas compras
a largas distancias. La mente creerá que está haciendo algo con sentido y no te
dará la brasa para que desistas. –Ese es mi método-
-Sales
de casa. Te vas al centro a comprar algo que estimes. Regresas caminando. Ves
qué fácil –le digo-
No
le convence. El centro de Málaga le agobia.
Tiene
una vecina que también está como ella. Intentará ponerse de acuerdo para
caminar juntas.
Quizá porque aún no se me ha quitado el hambre después del ejercicio o porque me gusta que me den la razón, le digo que lo más probable es que le contagie su pereza y que lo más lejos que van a llegar es a una cafetería a merendar.

Pensamiento y reflexión de un jubilado lleno de aficiones!
ResponderEliminarDebe ser que sin objetivos y rutinas es un esfuerzo supremo para nuestro cerebro hacer algo...
A seguir luchando por el sinsentido de la vida...nuestro miedo a las enfermedades,deterioro físico y mental, sexualidad, dolor...es la motivación para no quedarte inmóvil...
Seguiremos disfrutando de las charlas y conversaciones ,maestro de hacer la vida literatura y reírnos de nosotros mismo...
Gracias amigo...
Claro que es durísima le vida del jubilado. Pero yo que soy de los que salen a hacer algo, mucho antes del amanecer, siempre pienso que un jubilado en la cama, media hora más de los necesario, comienza un periodo de putrefacción y huele a muerto. Así que ante este panorama unas buenas zapatillas y una férrea voluntad hacen el milagro de recuperar la vitalidad
ResponderEliminarLeer estos párrafos ordenados de acontecimientos de la vida es aprender de un gran sabio que ha dado mucho y sigue dando mucho a la familia, a los amigos, a conocidos y a todos los lectores. Desde siempre has sido una gran persona.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu apoyo, por tu amistad y por regalarme estos textos tan valiosos.
Voy a ver si termino las estampas y me paso a otro grupo. Deciros que a los jubilados se nos da muy bien cocinar y eso te ocupa varias horas de todos los días. Por si os faltan aficiones. También viene bien leer este blog tan ameno.
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