Solía pasar por la
puerta del gimnasio camino de casa. Por los ventanales veía siempre a alguien
ejercitándose con mancuernas luciendo sus bíceps como si estuviese en un escaparate
o tirando de pesas en unos de los artefactos como galeote atado a un remo.
Decidí inscribirme. Me vestí con la indumentaria
y una bolsa de deportes. El dueño, que también era quien lo dirigía, lo conocía
de verlo sentado en la puerta departiendo con algún deportista. Su parecido agreste
con un actor de los años setenta, Burt Reynolds, con su buen bigote, camiseta
de tirantes sin importarle la época del año, recordaba a aquellas fotos de
hombres fornidos que anunciaban píldoras vigorizantes en la posguerra.
-Quiero entrenarme- le
dije. Con entrenarme apuntaba mejor mi voluntad de esfuerzo que si hubiera
dicho quiero apuntarme. Sopesó qué clase de cliente era y la vista comercial entrenada
de llevar decenas de años en el negocio, cuánto me duraría la motivación y el
beneficio monetario.
Con la alegría de atender
a un cliente nuevo me invitó a que le acompañase. Nos dirigimos al fondo de la
sala a un pequeño y estrecho habitáculo con un ventanal abierto que hacía de
despacho y sala de masajes. La mesa llena de papelotes, la camilla para los
masajes a la vez le servía de asiento. De los cuadros que lo decoraban estaban
los que contenían fotos de los exitosos comienzos, allá por los años ochenta
por el aspecto e indumentarias de los deportistas, documentos que hay que tener
a la vista y varios diplomas expedidos por centros con nombres rimbombantes que
le habilitaban como especialista en reflexología podal y masajista terapéutico.
Un póster por encima de la camilla mostraba dos plantas de pies como un
planisferio político de dos continentes donde cada país de un color se
correspondía con el órgano o región del cuerpo que se beneficiaría.
En una cartulina tipo carnet anotó los datos
pertinentes. Al reverso en cuadrícula estaban las mensualidades que él iría
tachando a medida que las abonase. Escribía con un pequeño lápiz de punta roma.
Entre sus útiles de escritorio había también una gastada goma de borrar. Firmé
el carnet ficha en el que pude leer que desde mi primera mensualidad sería colaborador
del Club Deportivo… La “cuota” figuraba como voluntaria. La “colaboración
voluntaria” me daba derecho a cuantas actividades se ofrecieran y todos los
servicios de los que estaban dotados las instalaciones.
Pasó a mostrarme el
establecimiento. Un espacio en forma de L, lleno hasta los topes de aparataje. Algunas
máquinas auténticas antiguallas: armazones de hierro repintados de blanco, las
pesas en negro, los números de los kilogramos en rojo, dispuestas para
ejercitar los músculos más recónditos de un ser humano: dorsales, abdominales, cuádriceps…
Las banquetas tapizadas de escay de color burdeos. Moderna era la elíptica, dos
bicicletas estáticas y cintas de correr. El resto, que no estaba a la vista,
eran unos angostos servicios y el vestuario mixto donde en un rincón estaba
instalado un cubículo como un armario de un solo cuerpo con una ventana. Al
abrir la puerta dentro había un cubo con su fregona. Una sauna para una sola
persona de tamaño normal o dos pequeñas. “Si alguna vez quieres usarla debes
avisarme antes para “enchufarla”, y señaló un cuadro de interruptores
eléctricos.
Desde el primer momento,
hombre afable y cercano, su costumbre era establecer una relación de colega con
la clientela. Su experiencia le otorgaba el grado de saber hasta dónde podía
llegar. Al ser yo una persona abierta, conmigo se tomó entera la confianza.
Hablamos de mi profesión,
los deportes que practicaba y si tenía o padecía o me dolía algo. Le comenté
que los gemelos se me cargaban cuando corría. Le justifiqué que la causa era
haber “abusado” desde muy joven de la bicicleta. Acto seguido, agarrándome del
hombro como quien te va a decir que has tenido mucha suerte porque te va a
salvar la vida, poco menos, empezó a perorarme de los beneficios de
digitopuntura y del masaje de los gemelos.
Como soy muy decidido,
acepté. Un buen masaje digitoplantar y luego pasaría a trabajar, que era para lo
que había ido, la musculatura en aquellas máquinas antiguas. Me quité las
zapatillas y tumbado en la camilla comenzó su trabajo en los gemelos exprimiéndolos
con los pulgares como quien intenta dejarlos huecos. Luego paso a los tobillos
y por último las plantas de los pies. Allí no quedó nada sin hincarme los
pulgares hasta hacerme gemir sintiendo unos dolores tan intensos que me elevaba
de la camilla queriéndole agarrar las manos para que parase. Él no aflojaba ni
hablaba. Imploré todo el tiempo con los labios apretados que terminase de una
vez aquel dichoso sufrimiento. Creía que después de aquello sería difícil
sostenerme en pie.
Cuando
terminó, sentí tal alivio que me dieron ganas de abrazarlo. Me dijo que lo mejor es que comprara un bono de cinco sesiones. Sin fuerzas ni valor para
negarme, lo compré.
En última sesión le dije
que ya estaba “curado” para los restos de mi vida y que si era necesario se lo
demostraba apuntándome a correr una maratón.
Mi amigo Joaquín, me envía este wsap.
ResponderEliminarSu vida da para veinte blogs. Cualquier anecdota que yo narre, a él le han ocurrido muchas más divertidísimas. Ójala arregle el problemilla que tiene con las entradas al blog que no lo deja ponerlas directamente para que todos podamos gozar de su buen humor y notables experiencias.
Voy a ella:
"Me encontré a un amigo por la calle. Lo vi fuerte y musculoso. La envidia me corroía. Decidí que yo también podría tener un cuerpo como el suyo, pero antes de apuntarme a un gimansio probé con dos latas grandes llenas de hormigón, fabricadas por mí que uniría por una barra de hierro para levantarlas. Fui a levantar una y no pude ni con los dos brazos. Ahí terminó mi experiencia con el gimnasio. Preferí mis caminatas.
YO TAMBIÉN ESTUVE CON BAD REYNOLS EN EL CUCHITRI, SOLO QUE A MÍ ME DIJO VEN CORRIENDO CUANDO VENGAS Y ASÍ VIENES CALIENTE, LA PRIMERA VEZ NI, LLEGUE, ME TUVE QUE DAR LA VUELTA ASFIXIADO
ResponderEliminarHoy en día los gimnasios han perdido el encanto y sabor añejo de antaño, son como mini parques de atracciones, a todo se lo nombra ahora en otro idioma(en inglés mayormente) y los recorridos en bici(estática por supuesto) con recorridos en pantalla gigante que simulan preciosos recorridos reales. Enhorabuena por este blog.
ResponderEliminar