Estampas de un jubilado. Dos.
Suelo llamar por
teléfono a los amigos y a mi primo cuando estoy de vuelta de llevar a mi mujer
al trabajo. Cuando tienes tiempo de sobra es conveniente organizarte. Sé de
compañeros que recién jubilados trazaron planes para estar ocupados. Casi todos
terminan en el gimnasio. Es como si se abriera una posibilidad que estuvo
cerrada toda su vida. El anhelo de hacer ejercicio. Aquel propósito pospuesto
por mil circunstancias, el principal es que no encontrabas el momento. He recorrido un amplio periplo de actividades correctas para la jubilación. Considero que muchas son quimeras
de cuando estás en activo y no tienes ocasión de cumplir por mil motivos. No
sabes la suerte que tienes de estar liberado de hacerlas hasta que te jubilas y te obligas.
Nadar, quién se va a
negar a una actividad tan saludable.
Suelo pasar por un local
municipal donde veo a los hombres jugar al dominó. Los hay que solo miran. Esos
son los que han alcanzado la cúspide de la indolencia. Observan la partida como
si se estuviese jugando algo interesante y parecen cavilar qué ficha es la que
se tiene que poner. Creo que duermen de pie con los ojos abiertos. Imagino que también juegan cuando queda un
sitio libre en la mesa. Algunas partidas tienen un concurrido público. ¿Acaso
se están jugando la escritura del piso? Una vez entré y me puse a
mirar. El sonido de las fichas sobre la mesa era lo único que me daba qué
pensar. ¿Por qué tenían que golpear con tanta energía? Aquella paciencia de
observador en silencio como si fuese una partida de ajedrez, me enervaba. Es un
arte de contar y probabilístico, dicen los entendidos, pero creo que en fondo es
puro azar, quien gana es de casualidad. Descartando los juegos, me queda
ir al gimnasio. Apuntarme a nadar, que es el sumun del bienestar para mejorar y
mantener la salud según los cánones de buen vivir.
En las llamadas
matutinas que realizo a amigos jubilados, todos están en disposición de hacer
algo, salvo una amiga que con total sinceridad confiesa que no le apetece moverse.
Les digo que nado. Que voy a natación. Creen que hago algo de mérito, pues
un persona con tiempo y posibilidades es lo mejor que puede hacer. Ellos se ven
liberados de nadar porque ya tienen ocupaciones.
La natación es como el
dominó. Aburrida hasta la exasperación. A brazas o a crol, es insufrible. No
paras de mirar el reloj, minuto a minuto. Te marcas cuánto vas a aguantar, con
cuarenta y cinco minutos es suficiente. Ir y venir. Es un deporte de autistas. Charlo, entre largo y largo, con el que esté parado recuperando el resuello. Como allí
va uno a moverse, las conversaciones duran poco. El remordimiento de que no
estás aprovechando el tiempo es terrible. ¿Acaso lo padecen los que están de
público en una partida de dominó? Creo que son más sabios: flojos pero sabios.
Abandoné la natación
como cabía esperar. Cualquier excusa me valía, pero la de que pasaba frío en
una piscina climatizada creo que es de poca credibilidad. Y es cierto: a pesar de que era el
único que se bañaba con un traje de neopreno. Los demás bañistas me miraban. Una señora
mayor, que iba a nadar porque según ella retrasaba su envejecimiento, no daba
crédito a que pasase frío hasta con el neopreno puesto. Otro señor, se recuperaba
de una operación de espalda, valoró comprarse uno.
Ahora lo guardo para
cuando regrese. No sé cuándo. Entre tanto, voy a sesiones de ejercitación
dirigidas por monitores. Tienen nombres que no sabían lo que significaban ni
qué se hacía en ellas. En general todas tienen fijación por los glúteos porque están
inundadas de sentadillas. Suelo ir por la mañana y me pregunto dónde están los
hombres. Son todo mujeres.

Da de pensar a la hora de jubilarse, aunque yo pienso que por mí personalidad estaría bastante ocupado, soy un culo inquieto.
ResponderEliminarDónde está ese grupo José Manuel de mujeres haciendo sentadillas? yo me apunto...😆😆
Elo...
ResponderEliminarHaces muchas cosas más....para mí eres un amigo vitaminas
Amigo de tanto deporte vas a apañar el gemelo de Ronaldo
ResponderEliminarTe falta probar el baile, eso sí que es el sumun de la felicidad...
ResponderEliminarEl baile es vida!! Si lo pruebas te vá a encantar, te lo dice una qué vá a bailar por devoción, y al gym por obligación....
ResponderEliminarEn mis primeros tiempos de jubilado también gocé la piscina municipal cubierta. Genial el tiempo que pasé. Disfruté y gocé viendo la raya azul del fondo, de los inmensos eructos con sabor a lejía que ocupaban mis tardes, cuando un bañador me duraba un par de meses debido al agua, siempre me preguntaba por mi piel. Se me pusieron unos pectorales que los envidiaría Sofía Loren. Cogí unos cuantos resfriados a consecuencia de los cambios de temperatura y de salir a la calle en pleno invierno con los pelos mojados. Al final y después de tanto beneficio, dediqué ese tiempo de anfibio a pasear y leer.
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