miércoles, 5 de junio de 2024

La carta

 


Querido amigo: Aquí tienes la primera carta. En estos tiempos de descrédito y abulia, escribirte en papel te parecerá extraño. Sabes que soy muy tradicional, y disiento de utilizar esos artefactos que nos traen locos. Me he aprovisionado de sellos y sobres. Como sé que te has jubilado y que andas algo desorientado con lo que puedes hacer con tanto ocio, te contaré, por que tus humanos ojos se distraigan, algo de mi vida que a ser sincero ni yo me lo esperaba. De tu discreción me has dado siempre muestras. A estas altura de la vida me da igual que se airen mis afilados secretos. Siempre me has demostrado amistad contándome confidencias que al lado de las que yo te cuente van a tener el mismo peso que las un niño de párvulos a su maestra.

Sabes que me fui a vivir a Archidona con mi tío Indalecio para cursar el bachiller. En mi pueblo, pequeño y atrasado, no había instituto. Que me enamoré de mi prima, su hija. Pero por no tener la valentía ni las ganas de enfrentarme a mi tío, que nunca hubiera esperado de mí tal abuso de confianza, estuve simulando la pasión, hasta el punto de convertirme para ella en alguien desabrido y seco, agarrotado en expresiones cortas que cualquiera hubiera interpretado por un muchacho torpe y obtuso, cuando era que me temblaba el alma de la irreflexiva pasión. Presentía que los ojos de mi tío me escrutaban desde la sombra alertados de ante cualquier gesto o carantoña hacía ella  que evitara la catástrofe de que dos primos se aparearan. Tampoco quería pagar con semejante profanación su humanidad. Me habían acogido con todo el cariño para que cursara el bachillerato. Participaba de la vida familiar y me enamoré rendidamente de María José. ¡Qué podía hacer! El sobrino de la hermana de su padre, viuda a la que había que echar una mano: un chicho callado y apocado, al que no le veía, seguramente, la gracia por ningún lado.

En aquella época, y te hablo de mediados de los setenta, cuando cursábamos bachiller, yo ya andaba perdido por María José. Estaba rodeado por decenas de muchachas; ninguna llamaba mi atención. Vivía en secreto un enamoramiento que destilaba en soporíferas poesías.

 Lo que te cuento y apuesto que te reirás, olvidé a mi prima y me dejé ennoviar para acabar en un desgraciado matrimonio.

La que es mi esposa y que dejó de serlo a los pocos años de casados, tenía una amiga íntima que no dejaba de entrometerse para que se echara un novio. La amiga resultó ser María José. Le habló, sin yo saberlo ni conocer de su existencia, contándole que me gustaba. Que yo deseaba que nos presentasen.

Iba y le decía, “Tengo que darte una noticia. Te vas a caer de la silla cuando lo sepas. Mírala, quién se lo podía esperar, tan calladita y despertando pasiones”. La mantuvo un tiempo sin soltarle prenda, hasta que la pobre estalló y le suplicó que se lo dijese de una vez. Así fue como se enteró de que andaba colado por ella.

Yo recibía los mismos crípticos mensajes.  Cualquier alabanza que no fuera de ella, de nada me servía para sofocar el fuego que me corroía por dentro. Pero la curiosidad y el halago pudieron más.  “A que no sabes quién se ha fijado en ti. Que le gustas. Que no deja de preguntarme cómo eres”, me soltaba como quien tira una piedra a un estanque y espera que las ondas llegaran a mi indispuesta alma.

Trasladé el objeto de mi amor a aquella muchacha a la que al verla y saber que le gustaba, ponderé al alza, muy al alza, sus prendas. Los mismo le ocurrió a ella conmigo. Así es como dos cuerpos que estuvimos orbitando uno al lado del otro el tiempo justo hasta que salimos proyectados a órbitas opuestas porque ambos habíamos caído en la misma trampa.

Ya te relataré cosas que te harán reír más. Y por lo que a mí respecta, si te apetece contarlo en tu mañoso blog, hazlo. No me digas que no te ha entusiasmado leer esta tradicional carta que nos aparta de costumbres tan necias de los correos electrónicos y de ese demonio de wsaps.

Un abrazo para mi leal y paciente amigo.

7 comentarios:

  1. 👏👏👏 esos enamoramientos que tanto entorpecen a quienes los sufren

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  2. José, ésto va camino de novela romántica

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  3. Si señor, el engaño fue todo un clásico y los engañados unos desgraciados. Tal vez Maria José se vengó así de su primo, o de su amiga. Ya veremos.

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