domingo, 7 de julio de 2024

La carta. "Resentimiento, mucho resentimiento" (Cuarta parte)

 

Estimado amigo:

         Que estés ocioso en tu jubilación no significa que los demás tengamos la obligación de entretenerte. Ocúpate en algo provechoso y no andes de aquí para allá molestando a los amigos que están en sus quehaceres. Me pides que no deje de darte cuenta de mi vida y obra con María José. Aquí las has dado. Pues es en lo tocante a ese tema se ha vuelto el centro donde gasto todas mis energías.

Desde tu peana, me dices que el amor es una fuerza inconsútil –siempre te gustó utilizar un vocabulario de novela del diecinueve- que lo más improbable lo convierte en probable. Eres muy iluso si piensas que estar perdidamente enamorado me va a llevar a cometer alguna locura. No paras de repetírmelo. Con tu verbigracia de escritorzuelo bloguero crees que las llamas del fracaso le hacen a uno perder todo le pragmatismo y sensatez. ¡Qué risa! Si estás en lo cierto. Y te cuento.

No ha pocos días, paseaba y me encontré a María José con su nueva y flamante pareja sentados en la terraza de una cafetería. Te acuerdas que me lo vendió como el hombre de su vida. Pues mi único objetivo a partir de ahora es defenestrarlo con sumo gusto. María José, que me conserva el cariño que se le tiene a un primo, al verme me llamó e invitó a sentarme con ellos.

-Este es Luis –me presentó y pensé mientras le sostenía una mano de garra de pajarraco: ¡Qué predilección tenía mi prima por los Luises y Luisas para torpedear mi felicidad!

Era la ocasión de evaluar qué tenía él que yo no tuviese. Estudiarlo y ver cómo podía arruinar la relación. Espero que no seas escrupulosillo por lo que vas a leer. Con el tiempo me ha ido creciendo un resentimiento producto de mi frustración amorosa o sexual, llámalo como quieras, y que da lugar a un estado casi depresivo que me llama a la venganza en frío o caliente. Imaginación que ve, corazón que siente.

María José, pude traslucir, se comportaba como un papanatas. La veía embelesada cada vez que la garduña hablaba. Éste, con su pose de hombre seguro de sí mismo, con la camisa abotonada que mostraba un torso de gimnasio y bajo en calorías –me arrepentí de ir en pantalón corto, camisa floreada y zapatillas deportivas-, me perdonaba la vida simplemente por el hecho de estar allí desaprovechando un trozo de su precioso tiempo con alguien que veía, seguramente, inferior a él. ¡Ah, cuánto resentimiento! Cuando me dirigía la palabra miraba a un punto entre mi entrecejo, como si leyera mis profundos pensamientos y no se la pudiese pegar que padecía un trastorno de amante despechado.

-Pues es lo que te digo… entre un Audi y un Mercedes… siempre el buceo… la noche, como la noche en la playa… -apenas escuchaba retazos de lo que decía el tal Luis porque la mente resentida destilaba un odio infinito, de energía de agujero negro, al tiempo que mantenía la expresión de estar atendiendo aquellas simplezas de bobalicón ajeno a cualquier clase de amarguras. La sabandija nadaba en las aguas del éxito material.

Mientras él no paraba de hablar, yo permanecía absorto en cómo descubrirlo para que mi prima se diese cuenta la clase de infraser había debajo de aquella máscara de dinero y torneado cuerpo. Pronto, debía atacar, dejar en evidencia a aquel pelagatos. Quise redirigirlo a algún tema en el que poder arruinarle la autoestima. ¿Cuál? Me era muy difícil, pues llevo vida de anémona arrastrada por la corriente. Un erizo de mar tiene más experiencias que contar dentro de su espinosa concha. Habló mi prima:

- Luis, deja a mi primo que cuente cómo le va. -y soltó una risilla, mientras la garduña volteaba las llaves de un portentoso vehículo a la espera de que dijese algo interesante; pero yo no podía apartar la vista del rutilante llavero.

-Bien, prima, muy bien. Estoy en una fase que no quiero ataduras, lo que se dice libre, sin compromisos. –y recurrir a los manidos tópicos de los solteros irredentos- Acumulo experiencias, viajes, buenas lecturas, las amistades… -recité el catecismo del autoengañado condenado a la mísera soledad.

El pajarraco me miraba igual que se mira a un bacilo por el microscopio, con la precaución que produce el pavor de que lo mío fuese contagioso.

Mi prima se despidió con dos besos y él apretó mi mano con su garra.

¡Ah, amigo! Por hoy ya está bien. Aconséjame desde tu poltrona de hombre sin preocupaciones, que sabe de las pasiones por tanto mamotreto que has leído. Dime cómo recuperar el orgullo que se me ha esfumado como la gaseosa. Pero olvídate de que no persista en mi intento de perseguir mi quimera. Antes, temprano que tarde, con mis artes, María José descubrirá que detrás de esa fachada de tanta fortuna se esconde un farsante, engreído y fatuo: un miserable.  En ello voy a poner tanto tiempo del que se supone que disfruto para experiencias, si por experiencias se entiende acumular resentimiento, mucho resentimiento.

Un abrazo.

6 comentarios:

  1. Este hombre no se rinde. Si está tan enamorado debe intentarlo, aunque pienso que es una causa perdida.
    Ya veremos cómo se desarrolla.

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  2. José, él amor de María José le tiene a su pareja garduña,yo creo que es garduño que son más tontos, ya que solo tienen el porte de canalla fortachón.

    Creo que con otro café, y tiempo desenmascara al pájaro..

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  3. Gran relato y grandes palabras que expresas 👌🙏
    Gracias, un saludo.

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  4. Algún día quiero que escribas algo sobre mi😜

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  5. Qué malas son las obsesiones y la envidia, te bajan la autoestima y es difícil quitárselas de enmedio, sobre todo cuando se tiene tanto tiempo 🤔

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