Estimado amigo:
Sé que estás ansioso por
saber qué me traigo entre manos con mi prima María José. Si habré salido de
este laberinto emocional que me tiene el cuerpo desencajado como armario en
mudanza. Tú, mientras, te solazas en el ir y venir al gimnasio, en pasear por
librerías, en tus lecturas… ¡Vaya, para quejarse! A ti te daba yo una pasión
amorosa que te sacase de ese amodorramiento que dices que tienes. Que la
novelería del siglo diecinueve que tanto te gusta la vivieses en tus propias
carnes. Pero volviendo al tema central, te contaré las últimas novedades.
Me
llamó mi prima María José. Le era muy urgente hablar conmigo, pues tenía que
aclarar un tema importante. ¿Qué sería?, me preguntaba. Por el tono de la
conversación entreveía que era algo poco favorable para mi causa. Quizá tuviese
que ver con su familia, o con la garduña de pareja que tenía y al que le había
puesto los puntos.
Lo
más curioso es que tenía que trasladarme a Archidona, a casa de sus padres, el
lugar donde se había incubado mi pasión, amor, encandilamiento o las mil
maneras que hay de llamarlo. Fuese para lo que fuese, pensaba aprovechar la
ocasión y poner las cartas sobre la mesa.
Llegué
a Archidona. La reunión la tenía en casa de mi tío Indalecio, el padre de María
José, me recibió con cara desabrida preguntándome cómo me iba la vida, dejando
caer, un “aunque ya lo sé, qué me vas a contar”.
Aquel
tonito no me gustó nada. ¿A qué venía ese retintín? Me temía lo peor y lo peor
se produjo al poco rato.
María
José entró con un ordenador portátil encendido. Iba yo a hablar y me dijo que
esperara. Tecleó y vi unos escritos. No entendía nada. Por si fuéramos pocos en
ese momento apareció la garduña, el tal Luis, con su porte mayestático de
camisa planchada y sonrisa de alcancía repleta de monedas.
-¿Me puedes explicar esto?.-me reconvino
mi prima, con la impresión de ser sojuzgado por un tribunal.
Tenía
la sensación de haberme bajado de un avión y ser informado que el piloto era un
chimpancé. Algo absurdo y mareante. Preferí mantener el silencio el tiempo que
mis neuronas destilaran qué estaba ocurriendo. La meliflua sonrisa de estar
pasándoselo bien del pajarraco de Luis no contribuía a calmarme.
-Así
que te has dedicado a airear lo que tú llamas pasión amorosa a los cuatro
vientos. –mi prima se expresaba con la vehemencia, y algo de sarcasmo, de un
fiscal frente a un timador de viejas- Explícame, zoquete –a fe mía que lo dijo
con cierto toque de gracia- quién es ese amigo al que le confiesas todas tus
melonadas y él no tiene otra cosa que hacer que publicarlas en su blog. ¡Dios
los cría y ellos se juntan! –continúo con la filípica- Gracias a tu estimado y
querido amigo –e hizo un inciso-, así es como encabezas tus cartas, en
Archidona todo el mundo se deleita con tus patrañas y no hay nadie ya que no
sepa de tus chifladuras. A Luis lo llaman garduña, y a mí me señalan como una desaprensiva
que te ha estado torturado.
Estuvo largando sin parar.
Terminó para darse un reposo. Mí tío y “el otro”, no es cosa de seguir
moteándolo, les notaba las ganas contenidas de estrangularme.
No me salía la voz del
cuerpo. Fui capaz de decir un parco y desafinado “lo siento”, como si alguien lo dijese desde la profundidad de un pozo. Aquello había sido una encerrona
con todas las de la ley en el lugar de origen y desenlace definitivo del enredo
que yo solito había creado. Bueno, yo solo no, con tu ayuda. Porque ahora que
lo pienso tu vanidad es la que lo ha provocado. ¿Para qué puñetas tenías que
publicar mis cartas en el blog? Tan cortito eres que no veías que podían llegar
a ella.
Falta lo mejor. Si la
cosa no estaba clara, María José le pidió a su padre y “al otro” que salieran,
pues iba a hablar conmigo a solas. Nos dejaron solos.
Temblaba por dentro. La
sangre se me había ido toda a los pies. En una foto seguro que aparecería como un
muñeco de trapo al que van a amortajar.
Habló María José. La
expresión de su rostro oscilaba entre la afabilidad y la recriminación, entre
el regocijo y la pesadumbre. Si hubo debajo de todo un sentimiento, aunque
pequeño, de mujer halagada, lo encubrió muy bien.
“Cabeza de chorlito, siempre supe que estabas
colado por mí. Por qué crees que te desvié la atención con mi amiga Luisa. Pues
para quitarte de encima. La intuición femenina me decía que nunca llegarías a ser
alguien importante, que irías por la vida dando tumbos. Acaso yo quería ser la
mujer de uno que no tuviese donde caerse muerto. Aquí en Archidona los llaman “pelamimbres”. No. Yo quería un hombre no solo que me bailase el agua sino que me hiciese una
reina. ¿Acaso tú habrías podido? Eres idiota y no sabes de la misa ni la media.
Las mujeres que somos así Dios lo quiso. Abomino de los hombres que nos
engalanan de palabras, que están dándonos todo el tiempo la lata, y que lo
único que buscan, en el fondo, es arrimarnos el … -no fue capaz de decirlo-
Prefiero tener el … en paz antes que cargar con alguien como tú que me arruine la vida”
Y ahora, amigo, te pido que lo
publiques, que no se pierda ni una coma. Es la única forma de venganza que le
queda a un hombre preterido por ser insignificante.
Un abrazo.
Asu que cosas te pasan 😂😂😂😂😂🇪🇸🇪🇸🇪🇸
ResponderEliminarPelamimbres
ResponderEliminarLa prima te pilló.
ResponderEliminarTen cuidado ten cuidado, la lechuza casa de noche !!!!
Elo
ResponderEliminarTen cuidado con lo q escribes q un día te vas a buscar un lío😜😜😜😜
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