En la madrugada el dolor
de la ausencia de Paloma lo comunicaba el gato de la vecina: unos maullidos
plañideros que se escuchaban como salidos de debajo de mi cama y rebotaban en
el silencio del apartamento. Sabía por la dueña que al gato no le pasaba nada. “En
la última analítica estaba muy bien de salud, es cosa de que es muy sensible a
los sentimientos de los demás” la oí una vez comentar en el descansillo excusándose
de las molestias con otro vecino. ¿Podía el gato estar sintiendo mi desdicha?
Llamé al trabajo para
excusarme de que no iría porque estaba enfermo. El compañero que cogió el
teléfono dijo algo como “allá tú” que en otras circunstancias me habría
inquietado. Ahora me daba igual. Había quedado con la amiga en un bar cercano
a su vivienda. Actuaría de mediadora, según ella. Paloma ya nada quería tener
que ver conmigo.
Llegué a una barriada de
bloques apelmazados, todos iguales, con calles estrechas y sofocantes. Los
vehículos aparcados de cualquier manera invadiéndolo todo, con un calor de horno.
En un impersonal bar, estaba esperándome. El verano se disponía a destrozar el poco
ánimo de los escasos malagueños que pisaban el asfalto. El sudor, la camisa
pegada… cuando entré una bocanada de aire glacial puso el contrapunto, aunque
tampoco era para saltar de contento. Claudia, la amiga, me señaló dónde
sentarme; frente a ella.
Después de unos parcos
saludos, y mirándome de través, me dijo que sería breve, porque para qué iba a
alargar algo que ya tenía las palabras contadas y exactas.
Con la corrección que me
caracteriza, le di las gracias por reunirse. Dijo que me las ahorrara. Abrió
el bolso y sacó una hoja de papel que desdobló. Creí que era el listado de
peticiones: ropa, libros, utensilios… que se supone me pediría para que se los
empaquetara y llevárselos. Claudia, clavándome la mirada, ( yo veía sólo fechas escritas), de forma
contundente, habló:
-Te vas a marchar del
apartamento. Lo necesitamos. Esperaremos unos días; los justos hasta que te
largues. Estos son los plazos para que saques tus cosas y no quede rastro de
ti.
Me negué. Tenía que
hablar con Paloma. Ella tendría que darme razones de por qué era tan dura.
Podíamos llegar a un acuerdo, como personas que han convivido juntas. El rostro de Claudia era de alguien desquiciada, loca de atar. En ningún momento cambió
su expresión cínica y malvada; de alguien que disfruta con el malestar y sufrimiento ajeno. Noté que algo se me removió dentro, como si me hubiese crecido un órgano nuevo y biloso. No pensaba decirle amén, aquello era una locura.
Con una rabia contenida, siguió:
-Paloma no te conocía, alma de cántaro. Soy quien le ha abierto los ojos. Le mostré la clase de hombre que eres: un ser ridículo, achicado, insignificante, sin logros en la vida… -miré alrededor pensé que tampoco era ella un modelo de triunfadora, y curiosamente logré arrojárselo a la cara. Esta vez si fui capaz, lo que provocó que se le encendiese aún más la llama de la ira:
-Aquí donde me ves carezco de escrúpulos. Así que no me lo pongas difícil. He estado vigilándote, imbécil. Te conozco mejor que tú a ti mismo. El trabajo, tus rutinas… -caviló un momento, como pensando la velada amenaza y con la misma conmiseración de un verdugo, concluyó-, enfadada soy terrorífica.
Me sulfuraba que aquella mujer fuese la que había dinamitado mi relación, mandando a hacer puñetas el equilibrio, la seguridad y tranquilidad de mi vida con Paloma. Sus insidias que había sembrado de mí en su cabecita. Aquel fiero y chusco ataque, y la absurda idea de que me fuera del apartamento para que lo tomaran ellas dos, me revolvieron las tripas y con una valentía desconocida, le solté:
-Lo siento, pero si te
crees que te puedes aprovechar de mí, estás equivocada. –le
dije al tiempo que
me marchaba-
-También yo, cuando dejó de amar, soy capaz de dejar sitio para el odio. Enteraros.
Continúa.
La maldad humana no tiene miramientos.
ResponderEliminarDebe tener una nueva vida, recurrir a alguien que le ayude transitoriamente aunque solo sea para alejarse de estas dos. Ya devolverá el favor como es debido😉
ResponderEliminarMenos mal, que ha reaccionado!!!
ResponderEliminarNo dirás que no fui profético. Ahora las dos pueden solicitar ayuda a la liga LGTBI. Entonces las salchichas te las comerás en Alhaurin. Seguiré con interés la historia. Aquí huele a tragedia mediterránea.
ResponderEliminarAntes de opinar veremos cómo se desarrolla la historia. El hombre que deja la casa lleva las de perder, ahora veremos que pasa cuando es ella la que se ha marchado.
ResponderEliminarEstás dos van a por ti.
ResponderEliminarEste verano estás desatado.Tienes la inspiración necesaria para escribir un libro de relatos.