Viaje portugués (2ª Parte)
Es la querencia lo que hace que la gente vuelva al lugar de origen, donde se crío y descansan sus familiares.
El viajero cruza montes, valles, sube puertos y tiene la valentía de pararse en pueblos que aún conservan las huella de haber sido aldehuelas. Transita por carreteras estrechas que se entierran en espesuras de robles y matorrales; también castaños y algunos chopos en las umbrías. Comenzó apuntando el nombre de las que visitaba, pero pronto se dio cuenta que todas son parecidas. Casas, algunas de granito, de gente que emigró y la nostalgia les hace regresar los veranos. Han convertido el establo en cochera y el pequeño huerto en un improductivo jardín con hamacas.
El viajero lleva un cuaderno que pretende ser un diario. Apenas tiene escrito cuatro renglones. Piensa anotar las conversaciones con lugareños, las anécdotas, los lugares y monumentos. De vez en cuando, en estos pueblos de Dios, entabla conversación, siempre con alguien mayor, son los únicos que permanecen quietos, con el pretexto de preguntar por tal o cual sitio. Como hablan en portugués apenas se entienden. Los que chapurrean el español se cansan de ver la cara que pone al no enterarse.
Su
destino es Rio de Onor. Una localidad fronteriza curiosa donde se pasa de
Portugal a España cruzando como quien dice una calle. Es fácil distinguir una
parte de otra. El lado de Portugal es de casas de piedra, reformadas sin perder
la arquitectura original, el pavimento típico de pequeños adoquines. Las que
tienen portones pintados de rojo, las calles asfaltadas, balaustrada rematadas
de enanos o aves rapaces, son del lado español.
El
viajero conecta con el olor a hierba, a flores silvestres, a su infancia
perdida. El río está remansado por una presa. Es lo más parecido al paraíso. Aún no está machacado por el turismo, aunque se ven algunas
casas para alquilar. Quizá lo salve estar en el culo del mundo; en una
hondonada perdida.
De
no tener que seguir el camino, lo suyo sería quedarse un par de días.
Continúa
para el Lago de Sanabria. El viaje es por tierras de lobos. Hará una parada en Puebla
de Sanabria en España. El calor hace mella y la temperatura ronda los
treinta y dos grados. El viajero siente aprensión pues de quedar tirado en
estos páramos, nadie le va a socorrer y será carnaza para los lobos. Intenta no
transmitirle a la compañera sus agobios.
Hay lugares que panorámicamente ganan más desde la carretera. Una vez que te adentras, entre tanto turista, pierde la gracia.
En Puebla de Sanabria no caben más turistas. Subes una calle empinada al castillo donde el despropósito se consuma en forma de una carpa que están montando unos operarios y que impide hacer la foto respectiva. Apenas se vislumbra el torreón de la iglesia. El castillo es portentoso, por suerte está cerrado y no se ve en la obligación de tener que visitarlo. Al viajero los atrezos de los castillos tan reformados no les impresionan. Visto uno, vistos todos. Antes de que la barahúnda de turistas se vuelque sobre los restaurantes, almuerzan. Sin pensárselo dos veces se dirigen al Lago de Sanabria. Objetivo: darse un baño en las aguas del mayor lago de España.
En el lago, en una playa pequeña, una familia, los padres retozan durmiendo la siesta. Solo los niños se atreven a bañarse. El agua del lago está helada para lo que se esperaba. Mejor mojarse solo los pies. El viajero ha llegado hasta aquí porque le entusiasma la geología. La historia del lago es fastuosa. Le asombra solo de pensar que hace cien mil años, en la última glaciación, había una pared de hielo de trescientos metros y que todo se diluyó en el río Tera hace doce mil. Las huellas de la hecatombe están por todas partes: los pedruscos erosionados por el glaciar que se fueron depositando como anises en un mantel, las laderas de las montañas como si un gigante la hubiese emprendido a arañazos… Al viajero le habría gustado alquilar una piragua y remar por aquellas mansas y abismales aguas.
(Continúa)






Precioso relato
ResponderEliminarBonitos relatos y lugares nos enseñas.
ResponderEliminarTe vamos a contratar de guía, e historiador.
Me gusta la observación y la precisión en el detalle que se refleja en todo el relato para presentarnos màgicos paisajes, tratando de evitar lo que decepcione y comprender lo observado con auténtico realismo. 👌🏼
ResponderEliminarNos deja con ganas de saber cómo continúa el viaje!
ResponderEliminar