Llevo sesenta y tres
años portando mi yo. A veces cargando
con él; otras, simplemente me he dejado llevar en modo automático. Una
conciencia milagrosa que toma decisiones sin gasto apenas de energía, por mera
intuición. Me dan pena los cerebros de adoquín. Los que alardean de que son de
tal o cual forma y se mantienen firmes a sus creencias de papanatas. Cuando se
equivocan, cambian de opinión como los lagartos de camisa, pero nunca dirán que
estaban equivocados. ¡Allá ellos!
Igual que los pelos van desertando del lugar donde
más lo necesitas: la cabeza, muchos sentimientos se caen provocando una
calvicie emocional. Te haces más cínico, en el sentido filosófico. Duro, hasta
el punto de que si lloras no es porque te duela el mundo, sino porque te duele
tu cuerpo y de camino por el descampado que se te está formando en la
coronilla.
Mi profesor de yoga decía que nos dejáramos de
espiritualidad y otras florituras. El cuerpo es el espíritu y la materia. Lo
entendía muy bien y a las claras, porque si el cuerpo está contento, relajado,
tú ya puedes elevarte y pensar en el destino de hermandad de las almas. Posees
alma. El resto del tiempo es un insidioso y complejo artefacto de funciones
biológicas esperando llamar la atención con alguna disfunción.
Por asociación, me viene
a la cabeza cómo la evolución pudo hacer que el depredador más grande, agresivo
y enfurruñado animal desapareciera de un plumazo: el tiranosaurio rex. Me
recuerda a esos hombres y mujeres que van por la vida a dentelladas, iracundos
como un cocodrilo perdido en un campo de golf. Como paleontólogo de ciudad sé
descubrirlos. ¡Peligro un rex!, y me escabullo como hicieron los mamíferos; a
fin de cuenta, ellos, nosotros, hemos llegado hasta aquí. Los dinosaurios que
quedan son aves, simples pavos comestibles.
Volviendo a mi yo, si
tengo que recriminarle algún exceso son los propios que se cometen cuando
llevas poco andado y te conduces como un barquito de papel en un arroyo. La
desidia nunca. Quizá una falta de guía, de brújula; pero eso es fácil, muy
fácil, verlo con sesenta y tres años. La vida tiene sólo una opción. Ojalá
fuera como las novelas para jóvenes que estuvieron de moda en los ochenta. En
cada capítulo había varias alternativas para seguir y si no te gustaba la
escogida, volvías y tomabas otra. Para eso están los universos paralelos, según
la teoría de cuerdas -que no entiendo- donde habrá tantos yo posibles como
momentos, configurando tantas realidades que en uno de ellos soy el físico que
echa por tierra la misma teoría.
Con sesenta y tres años descubres
que la vida tiene malas intenciones. Te das cuenta porque cuando menos te lo esperas
el ADSL se cae, la lavadora no centrifuga, el coche sin batería, un estridente
pitido de alarma suena lejano en la noche que concentra toda tu atención… Sí,
la vida es perversamente mala contigo cuando cumples sesenta y tres años.

A medida que cumples años te das cuenta que mucha actividades que solías hacer ya no las haces y no por desidia; cambias el gimnasio o deportes con gran esfuerzo a otros más "tranquilitos" y poco a poco te sientes mejor porque tu mente si la manejas medio bien seguramente no acabes como el Tiranosaurio;
ResponderEliminarLa edad te la pone la vida y no el que te jubiles,
Cada especie se renueva en un tiempo, para algunas apenas unas horas. La nuestra, animal, son más menos 40 años, todos los demás son producto de la propia evolución como humanos modernos, gracias a nuestro dedo pulgar no nos extinguimos y hoy día se vive como se vive, pero solo por eso no por ninguna otra cosa, nos dilató la existencia por lo tanto más conocimiento y más posibilidad de trasladarlo, antes no había blosg, 😂 Todo lo que se vive más de 40 es un regalo por pertenecer a esta especie. Creo que es mejor tomárselo así. Y a los que viven y mueren sin reflexiones, ni falta que hace 😂😂😂😂
ResponderEliminarLos tiranosaurio Rex, están reflexionando como resistir a los ataques,qué sufrimos el día a día, por parte de los que creen que no van hacer tiranosaurios Rex !!!!
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