miércoles, 21 de febrero de 2024

El viaje astral

 

Me he escapado. Soy el espíritu de José Manuel y ando por el mundo libre y suelto.  

Todo empezó cuando por curiosidad compré un libro para realizar viajes astrales. Consiste en que logras dejar a tu cuerpo y tu espíritu, con todos los sentidos en funcionamiento, puede vagar por ahí. Eso es cuando has conseguido el nivel más alto. Al principio te tienes que conformar con elevarte y verte a ti mismo desde cerca.

Le vi grandes ventajas al viaje astral. Las primeras sesiones dieron pocos resultados. Me tumbaba en el sofá, aprovechando que estaba solo. Tenía que visualizarme de pie, observándome, desdoblarme. Mi cuerpo quieto e inmóvil y un gemelo tuyo inmaterial, tú, separado. Es un ejercicio duro. A la mente no se le engaña tan fácil. El caso es que lo conseguí en varias sesiones. Me concentraba y era como si dejase un muñeco orgánico que respiraba, dormido. Un día probé a alejarme más y no me dio resultado. Era como si el espíritu no se quisiera separar mucho del cuerpo. Como si temiese algo.

Conocía lo de la transmigración de las almas. Este no era el caso, porque yo seguía con vida. Además, mi salida del cuerpo era uniforme, sentía y no padecía. Acaso algo ha motivado más a la humanidad que evitar el sufrimiento y el dolor. Yo seguía siendo yo, pero dejando el cuerpo a un lado, sintiéndome una unidad, pero con la gracia de no tener masa: un ave que vuela sobre el oleaje del mar. Me miraba desde corta distancia como el que mira una reproducción exacta de él: veía un maniquí vivo.

Regresaba del trabajo y enseguida buscaba la ocasión para tumbarme. Concentrándome, salía de mí. Abandonaba aquella arca con su aparataje circulatorio, digestivo, respiratorio… sin olvidar el que tanto me estaba fastidiando: el aparato urinario con su ardores y molestias secuelas de una operación. Me liberaba de las dolencias, sin la piel rellena de vísceras, me sentía ágil y fuerte: etéreo. En aquella carcasa inmóvil se quedaban atrapadas todas las sensaciones incómodas, los malestares y angustias. Nada tiene que le fuera cogiendo gusto a estar más fuera que dentro.

El autor del libro advertía de ciertas precauciones. La principal es que se hiciera siempre con un ánimo de conseguir una relajación placentera; comprender las múltiples dimensiones que tenemos los humanos: desconocidas porque la ciencia empírica no puede demostrarlas tachándolas de psicoterapias fraudulentas. “El viaje astral por condicionamiento cultural lo rechazamos. Las capacidades de nuestro cerebro sólo las conocemos un porcentaje ridículo para lo que llegaríamos a descubrir de tener la mente más abierta”, argumentaba. También como toda actividad que requiere una energía extraordinaria tenía algunos peligros que venía por desconocimiento de hasta dónde llegaba su potencial al abrirse una puerta a un ámbito poco conocido de nuestra relación espacio-temporal con el mundo. Hasta dónde se podía llegar con el viaje astral: era una incógnita. El consejo, hasta que el autor no tuviese más certidumbres, atenernos a lo principal: relajarnos y conocernos mejor explorando otra dimensión de la que nuestra mente es capaz.

Poco a poco fui tomando más seguridad. Hasta que un día, olvidado del cuerpo, estaba yo en mi deambular por la casa, mirando aquí y allá, cuando abrieron la puerta de entrada. Salí al rellano. Qué podía ocurrir. Dejaba mi cuerpo en un lugar seguro, cuidado por mi esposa. Procuraría no tardar. He de decir, aunque no soy materia, me es imposible cruzar las paredes. Que en ese aspecto me comporto como algo físico. Tengo que entrar y salir por donde lo hace todo el mundo. Bajé las escaleras. Esperé en el portal a que alguien entrara. Salí a la calle. Veía a la gente, los escuchaba acercándome sin que ellos se percatasen. -Esto es lo más increíble que te puede pasar-, pensaba. Un taxi paró, dejando la puerta abierta. Era ingobernable. Mi espíritu iba a su libre albedrío. Entré en el taxi. Desde entonces no he dejado de ir de un lado a otro.

Desconozco qué le ha podido ocurrir a al cuerpo que dejé allí esperando el regreso de su espíritu.

7 comentarios:

  1. Que bonito escribes❤️❤️

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  2. Todo es posible, hasta eso. Más extraño que la propia existencia no hay nada, por lo que toda fantasía y creencia está justificada, algo intrínseco a nuestra especie, por algo somos sapiens sapiens.

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    1. Muy sabías tus palabras.

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    2. Son experiencias de una inmensa riqueza espiritual. Se puede llegar a un nirvana liberador y conseguir el dominio del karma y el conocimiento de los mundos y los espacios.
      Tienen estas experiencias el problema de los controles de alcoholemia.

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  3. Jajaja. Lo mejor de la vida: el humor.

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  4. Hoy, mientras desayunaba, hasta me he tenido que volver a calentar mi café pues se me va el santo al cielo leyendo tus relatos; yo no podría realizar todo esto que cuentas pues cuando me relajaba un poco en serio, temía que alguien me asustara o tocara de alguna manera; como dices, es muy difícil verse a sí mismo🙆🏼‍♀️

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