Apenas veo la luz de una
pequeña lámpara que dejan encendida para que todo esté en penumbra.
Llevo varios días en el Hospital Civil. Me trajo mi hija Paquita. Es el final.
Heredé el título de marqués, Marqués de
Santopitar. De todas las fincas que he tenido, algunas no llegué a visitar
nunca, la de "pitar" era mi preferida. En los montes de Málaga, en plena
Axarquía, he sido muy feliz. La cacería, los juegos de azar, mi familia, los
aparceros, Paco el casero… Aquellos amaneceres con la bahía al fondo, las
sierras de la Almijara, Tejeda, y a lo lejos, tornándose según las horas del
día desde el rosa pálido al blanco hueso, Sierra Nevada.
Mi madre me decía que la
vida había que celebrarla: siempre que tengas ocasión no te pierdas de disfrutarla.
Y a eso me he dedicado. La suerte ha estado de mi parte. Nacer en una familia
de dinero y con un marquesado, facilitaron las cosas. Deseaba que llegase la
primavera para subir al caserón en el monte del Santopitar por aquel camino endiablado,
hasta que dispuse con el gobernador civil que se trazara uno nuevo. Que terminara con el suplicio de ir a de Málaga a Comares tardando cerca de un día. La condición fue que pasara cerca del caserón, para ello
tuve que regalar no pocos chivos y arrobas de vino. Mis apellidos me abrían
muchas puertas: Cabeza de Vaca, sin olvidar las dádivas que solté a
funcionarios y políticos.
La cacería y los juegos
me volvían loco. Apostaba a todo. La vida era un juego y yo podía permitirme arriesgar
algo del patrimonio. Paco, mi casero, siempre me ganaba. Sospechaba cómo podía
un hombre con tanta suerte estar bajo mi mando. Era, sin duda, un hombre fuerte.
Acostumbrado a pelear por la supervivencia de él y los suyos. Los días de fiesta, nos jugábamos un chivo a “tirar el
gato”. Nos poníamos de espaldas uno contra el otro agarrando una cuerda larga, caminábamos
unos pasos y comenzábamos a tirar hasta que caía agotado. Mis hijas reían de
verme sulfurado. Perdía el chivo. Laurita me ha contado lo que ocurría. “Papá
no divertíamos viéndote tirar hasta la extenuación sin darte cuenta de que el
casero había atado la cuerda a un tronco. Y te diré más –ha seguido- Cuando te
apostabas que cazarías más que él, cogía el día antes y mataba todos los
conejos que podía. Los dejaba colgado en las ramas. A ti te hacía ir por donde
había esquilmado la caza y él iba recogiéndolos a la vez que disparaba para
hacerte creer que los mataba en aquel momento.”
“Demonio de hombre. Me
ha estado tomando el pelo toda la vida en complicidad con mis amadas hijas” –apenas
me quedan fuerzas para reír-
Cierro los ojos y veo el jardín. Qué será ahora de él. Hace tiempo, años, que dejé de ir porque el viaje me agotaba. Siento como el viento mece las hojas de los fresnos, el frescor bajo los castaños y nogales, la fuerza de los robles frente a las tormentas que descargaban en verano, la vigilancia de los cipreses, el huerto, la alberca, los setos, los rosales... Escucho las voces en el parque de recreo que hice construir para mis niñas y que los hijos de los aparceros disfrutaban.
Estoy de pie en el balcón corrido de la fachada. A mi lado está el gobernador civil y el obispo. Los cohetes que señalan por todos los montes que estamos de fiesta estallan en un cielo sin nubes. Es un día especial. Hemos celebrado la comunión de los niños de los colegios. Hay un enorme bullicio de fiesta. Gastaré lo que haga falta. Va a ser un día señalado. Mi madre me dijo que la vida había que celebrarla. Pues a celebrarla.
De nuevo se ha hecho el silencio hasta que va surgiendo un corro de voces a mi alrededor. Son mis padres, mi abuelo que me aficionó a la cacería, mi esposa, mis hijas, las familias de aparceros, los perros, los chivos, las aves, los árboles, las viñas, las montañas, el sol… la luz que me envuelve.
A mis amigos Juande, senderista, y Alonso, contador de añoranzas, gracias.

Gracias por la dedicatoria.Estupendo el escrito de Santopitar.Juande
ResponderEliminarHistoria de Málaga, muy buen escrito, de lo que se vivía en aquel entonces. Gracias José Manuel
ResponderEliminarQue vien expresado de él señorío de aquella época en Andalucía de los casique que tenía tanta tierra que no labia visto nunca.
ResponderEliminar