Siendo el goce, el disfrute, la “buena
vida”, un plus; pretendo añadir un plus al plus, y lo único que logro es meterme
en aprietos, en situaciones, a veces, vergonzantes y calamitosas.
Me explico.
Todo es por la dichosa
necesidad autoimpuesta de que el tiempo se escurre, vivir el momento… y demás
eslóganes que nos llevan de cabeza. Con una vida tranquila, ¿qué más quieres?
Pues no, tienes que buscar ese plus e indagas en la comida orgánica, el yoga,
la medicina ayuvérdica, la meditación… y de ahí saltas a las salas de gimnasia,
y pruebas con actividades MOVE, HIT, POWER, FB… acrónimos de ejercitaciones para
los que tienen prisa y la insana idea que es una forma de alarga su tiempo en
este mundo. Uno es parte de la cultura de su época y piensa con arreglo a ella.
Somos de este tiempo, sin escapatoria. En el medievo vería las cosas de otra
manera. Estaría dedicado en cuerpo y alma a la supervivencia.
Extenderse en estas
divagaciones tiene su fin. La idea es cómo mixtificamos nuestros propósitos.
Volcamos enormes expectativas en lo que nos proponemos sin darnos cuenta que las
metas nunca casarán con los logros finales que llegaremos alcanzar. Tropezaremos
con problemas terrestres, los aparcamos y nos vamos a la estratosfera romántica
de los sueños. Aterrizamos siendo más experimentados y, por supuesto,
defraudados en vista de los parcos resultados. Somos nuestros peores jueces. En esto ayudan mucho los gurús de la felicidad
cuando te dicen que tú eres quien quieras llegar a ser. Estupideces de estas he
leído un montón. En el fondo de lo que tratan es de que escondas tu propia
vulnerabilidad. A nadie le interesa parecer débil. No nos queda más remedio que
socializarnos como forma de aparentar y esconder nuestras flaquezas. Ocultamos las
emociones para ser más fuertes.
La actividad de MOVE (actividad
física coreografiada con música, en español), es de las pocas que me quedaban
por probar. He ido saltando de una a otra con la curiosidad de ver a cuál me
adaptaba mejor. Son todas muy parecidas, salvo esta. Con la intrepidez práctica
que muestro para superar la timidez, asistí a la primera sesión. Tuve la
precaución de ponerme al final, pues era el único hombre de un grupo de
veintitantas mujeres. Todo marchaba bien. Estaba satisfecho, pensando que había dado con la que me más me iba. La clase estaba llegando a su fin. Pletórico,
la música, las coreografías… hasta que un traicionero músculo de la pierna dijo
hasta aquí llegaste. La monitora paró la clase para ver qué me ocurría. Las
mujeres me miraban consternadas. Espero que pensarían, defraudadas, que el
único hombre que participa va y se lesiona.
Una señora
compadeciéndose me dijo que con reposo se me quitaba. La monitora quiso tumbarme y continuar con la clase. Me negué. Evitando arrastrar la pierna, llegué a
la salida. Desde allí hasta la casa fui cojeando.
Alguien dice que
mientras dura la vergüenza dura el dolor; la verdad, lo importante no es que
sientas vergüenza, sino que se te pase el dolor.

Muy ameno.Un saludo!
ResponderEliminarQue buenas las estampas de un jubilado. Gracias por compartir
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