Día sexto del
confinamiento.
Es
mi hijo Francisco quien me ha sugerido que abriera un blog que con el nombre de
Voces del Ciprés, inspirándome en el título de la novela de Svetlana Alexiévich
“Voces de Chernóbil”.
Nada
es casual. Días antes compré la novela de la Premio Nobel bielorrusa, porque
creía que era un tiempo muy propio para su lectura. Y no es que me esté
portando como un catastrofista, es que Chernóbil es hoy. No vamos a morir de
radiación del uranio, plutonio y cesio derramado por todo el orbe, pero sí nos
vamos a enfrentar de nuevo a algo que nos va a causar mucho dolor y sufrimiento
por la arrogancia, fatuidad y avaricia.
Ahora
cuando escribo esto, precisamente a las ocho de la tarde, los vecinos de todas
las barriadas baten palmas y se escucha la canción Imagine de Jonh Lenon. La
gente se ha emocionado desde sus ventanas y balcones. Es el sexto día de
confinamiento por culpa de la pandemia que nadie quiso ver llegar. Nuestro
modesto y particular Chernóbil, salvando las terribles distancias por las que
pasaron los bielorrusos.
El
título de Voces de Ciprés viene al caso porque vivo en la calle Ciprés de
Málaga, lugar de mi confinamiento junto con mi familia.
Si
me pidieran que es lo más atrevido o emocionante que he hecho estos días, diría que los
minutos que he logrado desentenderme de la continua tormenta de informaciones,
es decir, no oír. Todos se quejan, pero nadie se separa del televisor o de las
redes. La ventaja es que no te sientes
aislado, pero pagas un precio muy alto de intranquilidad.
Todas
las tardes llamo a mi primo y el suele darme su opinión acerca del porqué
estamos en este pandemónium. Habla del egoísmo como materia prima de la
catástrofe y dice que ha puesto un
cartel en el camino de su casa del campo con algo así parecido a un globo con
ventosas, una reproducción somera del virus con la palabra peligro, con el que
pretende espantar a los que se quieran acercar. También suelo llamar a mi amigo
Joaquín que vive tranquilo y desde que le dije mis pronósticos sobre esta
pandemia, dice que la próxima vez nos veamos será en la calle Larios para
merendar chocolate con churros. Apostilló que cuando quiera padecer de insomnio
ya se procurará él mismo el material.
Tranquilo que de esta nos escapamos de haber ocurrido esto una década más adelante estaríamos en el bombo y con bastantes papeletas.
ResponderEliminarAsí no tendremos más remedio que mantenernos en forma y aparentar 20 menos.
EliminarLa que hemos liado y estamos liando.
ResponderEliminarTenemos las neveras a rebozar, las casas más limpias que nunca, el tiempo libre que tanto hemos deseado, las calles sin gente y sin ruido. La temperatura es agradable y los techos no se nos calan.
Creo que cualquier habitante de los campos de refugiados de Turquía o Sudan se cambiaría por nosotros.
Recibo al día mil mensajes y la mayoría de consejos e informaciones de histéricos.
Hoy voy a comer pollo en salsa y quizás me tome una copita de tinto. Hace muy buen día