sábado, 21 de marzo de 2020

Sexto día del confinamiento.


Día sexto del confinamiento.

Es mi hijo Francisco quien me ha sugerido que abriera un blog que con el nombre de Voces del Ciprés, inspirándome en el título de la novela de Svetlana Alexiévich “Voces de Chernóbil”.

Nada es casual. Días antes compré la novela de la Premio Nobel bielorrusa, porque creía que era un tiempo muy propio para su lectura. Y no es que me esté portando como un catastrofista, es que Chernóbil es hoy. No vamos a morir de radiación del uranio, plutonio y cesio derramado por todo el orbe, pero sí nos vamos a enfrentar de nuevo a algo que nos va a causar mucho dolor y sufrimiento por la arrogancia, fatuidad y avaricia.
Ahora cuando escribo esto, precisamente a las ocho de la tarde, los vecinos de todas las barriadas baten palmas y se escucha la canción Imagine de Jonh Lenon. La gente se ha emocionado desde sus ventanas y balcones. Es el sexto día de confinamiento por culpa de la pandemia que nadie quiso ver llegar. Nuestro modesto y particular Chernóbil, salvando las terribles distancias por las que pasaron los bielorrusos.
El título de Voces de Ciprés viene al caso porque vivo en la calle Ciprés de Málaga, lugar de mi confinamiento junto con mi familia.

 

Si me pidieran que es lo más atrevido o emocionante  que he hecho estos días, diría que los minutos que he logrado desentenderme de la continua tormenta de informaciones, es decir, no oír. Todos se quejan, pero nadie se separa del televisor o de las redes. La ventaja es que no te sientes aislado, pero pagas un precio muy alto de intranquilidad.

Todas las tardes llamo a mi primo y el suele darme su opinión acerca del porqué estamos en este pandemónium. Habla del egoísmo como materia prima de la catástrofe  y dice que ha puesto un cartel en el camino de su casa del campo con algo así parecido a un globo con ventosas, una reproducción somera del virus con la palabra peligro, con el que pretende espantar a los que se quieran acercar. También suelo llamar a mi amigo Joaquín que vive tranquilo y desde que le dije mis pronósticos sobre esta pandemia, dice que la próxima vez nos veamos será en la calle Larios para merendar chocolate con churros. Apostilló que cuando quiera padecer de insomnio ya se procurará él mismo el material.


3 comentarios:

  1. Tranquilo que de esta nos escapamos de haber ocurrido esto una década más adelante estaríamos en el bombo y con bastantes papeletas.

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    1. Así no tendremos más remedio que mantenernos en forma y aparentar 20 menos.

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  2. La que hemos liado y estamos liando.
    Tenemos las neveras a rebozar, las casas más limpias que nunca, el tiempo libre que tanto hemos deseado, las calles sin gente y sin ruido. La temperatura es agradable y los techos no se nos calan.
    Creo que cualquier habitante de los campos de refugiados de Turquía o Sudan se cambiaría por nosotros.
    Recibo al día mil mensajes y la mayoría de consejos e informaciones de histéricos.
    Hoy voy a comer pollo en salsa y quizás me tome una copita de tinto. Hace muy buen día

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