Decimoquinto
día.
Hoy me he retrasado en mi crónica de
Voces de Chernóbil. He oído cómo la gente aplaude y veo una vez más que los
vecinos negacionistas de lo que podía ocurrir no salen a su terraza. Lo más que
hacen es asomarse a escondidas y mirar por una ventana. Es una actitud correcta,
y me aclaro en lo que digo. Antes del confinamiento me encontré al
matrimonio en la calle. Tengo la costumbre de pararme a hablar con todo el
mundo. Comentamos, él, porque ella asentía, lo que estaba pasando. Me dijo que
todo era un montaje, una mentira. Muy bien, el tema se ponía interesante. ¿Y?,
le invité a que continuase dando más información. ¡Ya está! Él había
concluido y el tema para estaba suficientemente claro, bastante había hecho
con pararse y hablar conmigo desvelándome el meollo del asunto. Otro vecino
lo tiene muy claro. Opta por una visión marxista del asunto, eso dice él. Utiliza
expresiones rimbombantes de capitalismo y la lucha de clases. “Todo es un
pretexto para socavar el bienestar de los trabajadores y hundirnos más.”,
concluye.
En estos tiempos parece que las cosas
y tradiciones duraderas y eternas se van a extinguir. Muchas se vuelven
anacrónicas y dejan de tener uso o valor en un santiamén. Otras, en cambio,
parecen que han venido para quedarse siempre. La radio, por ejemplo, cuando
apareció la televisión mucha gente creía que tenía los días contados.
Recuerdo
que nunca les pregunté a mis padres cuándo compraron el primer televisor, un
General Eléctrica Española. Un aparato admirable que cada dos por tres un
técnico le cambiaba una lámpara. Los niños no dejábamos de movernos alrededor
del técnico que escudriñaba con cara de no saber mucho de qué iba aquello de las
ondas y rayos catódicos. Lo que yo quería conseguir a toda costa era la lámpara
fundida. Era como una bombilla alargada y que encerraba una pequeña escultura
futurista.
Una vez escrito lo anterior, me viene
a la memoria las palabras de un amigo, una persona de encomiable sabiduría. Me
dice que la vida de los hombres se divide en dos partes: la primera, en la que
escribes sobre los que vives; la segunda, en la que escribes sobre lo que
recuerdas. Le pregunto si lo que me quiere decir es que me repito porque ya no
tengo experiencias que contar o que no pierda el tiempo escribiendo y que
acumule experiencias. Además, le digo, si estamos encerrados, lo mejor en este
caso sería escribir sobre lo que desees, ¿no crees? También añade que no me
envalentone escribiendo cosas terribles que puedan sobrevenir, que es como
invocarlas. Le digo que la realidad está siendo bastante motivadora para no
meterme yo también a analista, pero como no tengo muy claro lo que pienso de
todo el asunto, por eso les pido a mis vecinos su opinión y me hago una idea caprichosa de lo que ocurre, y así, lo relativizo con el único de pasar el rato.
.

Todo esto es un montaje.. en algún momento, hace 4 meses, sentimos el rechinar del cosmos saliéndose de los raíles de la cotidianidad.. desde entonces, sólo ha ido cogiendo inercia..
ResponderEliminarPrimo pues yo sin hablar con nadie en directo, no paro en todo el día. Entre los perros, los nietos, dos grupos de Wuasap de perros que llevo, más otros que estoy, arreglos y reformas en la perrera, furgoneta y más cosas, ordenar, limpiar, arreglar, perras paridas, cachorros por todas partes, parásitos, vacunas y yo que se cuantas cosas más. La cuestión es que me faltan fuerzas y horas del día. Ayer para colmo, uno que se ha construido una casa que parece un cuarter, en lo alto del barranco, está amargado el y la mujer por no poder salir de su recién estrenada casa, y eso que vistas no le faltan, desde su mirador ve media provincia.pues el hombre no tiene perro y le ha dado por vigilar a todo el que pasea su perro por el campo y aprovecha para fumar un cigarro o medio paquete, fotografía al canto, y a publicarla en Facebook con insultos incluidos para ganarse el aplauso de los que como ellos no tienen perros. Además de msndarle las fotos a los municipales.Tabien se queja de que hay niños que juegan por el campo, mientras los suyos están confinados, a los niños que se refiere son a mis nietos, ya que gracias a que su abuelo vive en el campo tienen libertad y espacio para estar felices y contentos. A lo que voy, este no sabe donde ha puesto la era, he difundido mi disgusto y está tarde tenía en su azotea un amigo haciéndole una visita, y me he puesto junto a mis nietos, cámara en mano a gravarlos mientras decía esto lo van a ver en Facebook, y como una mariona se ha escondido y asomaba la cabeza como mirando si aún estaba por gravarlo. Los municipales ante sus denuncias, pasan continuamente por el camino, vigilando que los vecinos no se excedan en el tiempo ni en la distancia al sacar al perro, y ha conseguido, de lo que puede estar orgulloso, amedrentar a unos recién vecinos para el, y viejos vecinos entre ellos. Sin tener en cuenta que vive de un negocio al fondo de la calle y los vecinos son sus clientes.
ResponderEliminarNada me ha molestado más, que se acordase de la madre de todos los que sacamos perros, yo hasta 60 que tengo podría estar 24 horas sacando perros. Así que yo si que me acuerdo de su madre, y como no se disculpe se lo voy a decir en su cara y buen dicho. Con la iglesia a topado. Confinamiento igual a estado de ánimo exaltado como para aguantar tontos y sus tonterías
Muy bien, primo. Valiente tipejo envidioso.
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