Decimotercer
día
Es este de los días que te levantas
y tienes la sensación de ponerte una ropa que no es de tu talla, que te estás
vistiendo con el jersey y el pantalón que te ponía tu madre heredado de tu hermano cinco años mayor, al
que ella, diligentemente, le metía los bajos y le arremangaba los puños para
que no parecieras un títere. Una ropa que cuando te vestías después de lavarte
los sábados en un barreño comunal, la sentías fresca y dura, como si fuese de
cartón, raspándote tu entumecido cuerpo. Lo único que querías después del aseo
y de que te calzaran a tirones tu vestimenta limpia, era buscar un rincón donde
solearte y recobrar la temperatura de tu cuerpo mientras observabas tu sombra
temblar.
Hablando de sombras, dónde se han
ido en estos días que no veo ninguna. No os confiéis y encontrarla. ¿Qué
intenciones tienen? Todo puede ser que estén confabulando contra nosotros; ya
puestos, si confabulan los chinos, los americanos, los coreanos, los
islamistas, los rusos… las sombras no iban a ser menos. Siempre nos daremos
explicaciones que serán más complicadas que la verdad. Todos tenemos una
hipótesis acerca de lo que está ocurriendo. La mía se inclina por la confabulación
de los murciélagos. Son ellos, agazapados en la noche, como vampiros, los que
han tramado terminar con nuestro estilo de vida. Estamos en la era Google, y la
podemos ya nombrar la Era de que Cualquier Cosa Puede Pasar.
Ya puestos, lo mejor es desconfiar. Desconfía de cuando crees que se han cumplido tus
predicciones. Si buscas en tu memoria encontrarás que también presagiaste lo
contrario. Desconfía de los que son alguien y como son alguien les puedes
contar un secreto y siempre tienen un alguien a quien pasarle la información.
Desconfía de los que se preocupan de tus pesares, porque es mejor que nadie se anime
con tu mala racha, es lo que decía el padre de un amigo, “que se diviertan de
su madre”. Desconfía de la publicidad de mantenerte siempre joven, feliz,
bello, rico… y por supuesto, también de que la sabiduría se alcanza con la
madurez, de la entropía majestuosa que deslizan los cuerpos hacía el final, de
la tranquilidad de una vida austera, de dejar pasar las pasiones amorosas.
Desconfía de todas las patrañas:
ufólogos; negacionistas del Holocausto, del cambio climático, de la evolución;
de los creyentes y montajistas religiosos, veganos, kármicos, antivacunas; de
los comerciales de magnetoterápias, de puertas blindadas, de cerrojos de siete
llaves; de los viajes espaciales, de las puertas en el espacio tiempo que nos permitirán
abandonar este mundo; de las bulliciosas abejas en un prado; de los políticos borricos, también.
La Era de la Desconfianza
No te fíes ni de tu sombra.. reza la máxima escéptica.. por algo será
ResponderEliminarLo mejor.. no contar nada, el morbo de la gente se alimenta de la desgracia ajena.. cual lemur enjaulado sin futuro fotografiado por chinos con cámaras Nikon.
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