Undécimo día
Hablo con mi primo. Su tos
entrecorta la conversación y me cuenta que llamó al teléfono para ver si estaba
infectado. Le atendió una máquina, según sus propias palabras. La máquina
después de varias preguntas le diagnosticó un simple resfriado y le aconsejó que
si se sentía peor que llamase a su
médico de cabecera. Cuando colgó, me lo imagino, frunciendo el ceño y rascándose la cabeza, al saber que
una máquina velaba por su salud.
Mira por donde los humanos nos
encontramos en esa encrucijada donde el ayer no significa nada y sospechamos
que nos va a servir muy poco para construir el mañana. El carácter efímero que
le hemos otorgado a todo, como esas fotos que se hacen y pierden su valor al
día siguiente por mucho que se posteen (dudo de que exista el verbo postear),
cargándonos de impresiones que van a la papelera de nuestra conciencia nada más
entrarnos, nos están dejando las conexiones nerviosas enganchadas a continuos
estímulos. Expuestos a una información tan contradictoria que nuestra mente no
deja de formar un batiburrillo de imágenes, de dictados y personajes, por lo que no me extrañaría que por
mi cerebro anduviese ya mismo Darlh Vader con su espada láser dándome
indicaciones de cómo erradicar la pandemia.
Con otro amigo he quedado en
recordar todo los motes de los colegas con los que salíamos en bicicleta. No es
que lo hiciéramos con ganas de menospreciar a nadie, es que los dos debemos padecer
un singular defecto de no acordarnos de los nombres y en cambio no olvidábamos
nunca el apodo; como eran tantos y nos veíamos sólo los fines de semana, es
fácil de entender. Además, había muchos Pacos y hubiera sido excesivo acordarse
también del apellido. Según tengo entendido es un recurso memorístico para
ejercitarse en el recuerdo: asociar una característica llamativa de la persona
a como le pusieron en la pila bautismal para facilitar la evocación. Yo lo he
practicado y al final sólo me quedo con el sobrenombre. La lista tampoco la
hemos podido hacer larga. ¡Válgame Dios, también los alias se olvidan! Así, con
gran esfuerzo, sólo no hemos acordado de Stoichkov, que en la primera salida
nos llamó endebles archidoneses, el Bimbo, Molondrón, Alcaudón y su hermano Alcaudón
Real, el terrible Matapobres que te apretaba cuando te veía flojear para
dejarte tirado: el Almorranas, porque un día se quejó de las mismas y su mujer
Claudia Schiffer, que no salía en bicicleta pero ya puestos a motear; el Belga venido
a menos, por su parecido con un famoso ciclista de nacionalidad belga; el
Perkins, dueño de un taller donde arreglaban camiones con motores Perkins y por
último, Treinta y Siete Quintos, dado que era capaz él solo de beberse una caja de treinta
quintos de cerveza, más siete de regalo.

Jje..el matapobres afilaba su hacha contra el asfalto desprendiendo chispas aceradas cual Mad Max de la lycra y el bidón de isostar
ResponderEliminarMuy bueno, pero el amigo era más duro.
EliminarAl hilo de los motes de tus amigos ciclistas, en estos días de Pleita, he hecho memoria de nombres archidoneses de cotijos y parajes, que más que nombres son motes y además casi todos compuestos. Paso a decir los que he memorizado.
ResponderEliminarCortijos famosos: NO HAY.TEAS ROBAS. SARTEN ROTA. MIRA BOBOS. PILLA POCAS. POCO CUNDE. LA MÁS MELLA. LA PIMPANA. LOS APUROS. HUERTA LOS FRAILES y seguro que más por ese estilo pero que ahora mismo no se me vienen a la mente.
Algunos parajes archidoneses:PAN SECO. MATA PROBES. ROA HUEVOS..
El nombre era por alguna característica singular de sus dueños posiblemente.
Eliminar